Agradecimiento a la doctora y madre Marta Cienfuegos
He leído en su diario (artículo del 4 de marzo) la mención que la Reina hizo sobre el caso de esta doctora a propósito de un evento relacionado con las enfermedades raras. Se cuenta allí que su hija Elena sufre el síndrome de Sanfilippo y, tras recibir un tratamiento experimental que frenó sus síntomas y los de otros once niños, se detuvo el ensayo por falta de rentabilidad y la situación de Elena empeoró con rapidez.
No consigo asimilar que por motivos económicos se pierdan avances tan importantes y se abandone a pacientes que claramente habían mejorado. Niños además. No importa cuántos.
Pero el motivo de esta carta es otro: mostrar el infinito agradecimiento que debemos a Marta Cienfuegos, que hace años, y a pesar de la difícil situación personal en que se encontraba por la enfermedad de su hija, consiguió que mi marido recibiera un tratamiento poco conocido entonces, muy caro y que precisó de muchos informes y papeleo para que la administración sanitaria diera su visto bueno. Su buen hacer profesional, su empeño y su empatía con su paciente dieron fruto y un día nos llamó: "¡Lo hemos conseguido! ¡Nos han aprobado el tratamiento! Creo que va a responder muy bien. Le espero en la consulta...". La emoción y el entusiasmo en su voz eran totalmente sinceros. Han pasado varios años y el tratamiento, que ha mejorado sustancialmente la calidad de vida de mi marido, se ha hecho más común. Pero, entonces, sin su insistencia y su implicación no habría sido posible.
Agradezco conmovida la dedicación de personas como esta doctora, tanto más digna de admiración cuanto más difícil se lo ha puesto la vida, pues lidiar cada día con la enfermedad de un hijo ha de ser devastador.
Ahora que las noticias de los diarios son acaparadas por las ocurrencias nefastas de ignorantes con ínfulas a los que el bien común les importa menos que su peinado, aún queda un hueco para personas que no miden sus actos en función del rédito que van a obtener, sino del que pueden aportar. Personas competentes y generosas que no dejan de pensar en los otros, por muchas que sean sus propias preocupaciones. Ellas son las que deberían ocupar las portadas diariamente.
Gracias, doctora, de corazón.
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