No hay mascotas prisioneras
Hay quien se considera como guardián de una supuesta sociedad «equilibrada» de antaño, donde todas las cosas estaban en su sitio: la mujer, en casa criando hijos, cuantos más mejor; el hombre, trabajando duramente para traer el sustento a su familia y, si de vez en cuando, por su condición natural, se veía abocado a «echar una canita al aire», se le perdonaba porque para eso era un santo varón; los niños, con los niños, las niñas, con las niñas, y el domingo, los niños, las niñas, las mamás y los papás, puntualmente en la iglesia parroquial más cercana, escuchando la santa misa. Y por supuesto, los animales, libres por ahí, nada de «amariconarlos» con cuidados, lavados y mimos. Una sociedad sana, centrada en la «unidad de destino en lo universal».
La sociedad está cambiando, y ello no tiene que implicar necesariamente un desequilibrio, por más que lo intenten publicitar ciertas mentes estrechas. Hace décadas que en otros países europeos se convive con mascotas en las ciudades, y se las cuida. Esto no impide en absoluto la coexistencia con hijos o con abuelos. Conozco muchas familias con niños y niñas pequeños, o no tanto, y mascotas, y, en general, dan un aspecto de ser personas felices y totalmente en sus cabales. Estoy convencido de que la convivencia con los animales domésticos produce efectos más que beneficiosos en todas las etapas de la vida.
Y desmiento totalmente, aunque pueda haber alguna excepción por el mal obrar de sus amos, que los perros o gatos en una vivienda de la ciudad sean infelices o estén maltratados. Simplemente, viven otra existencia diferente a la de quienes son libres o habitan en el campo. No quiero afirmar categóricamente que sean felices del todo, porque ni lo sé ni se lo he preguntado, ni tengo, obviamente, posibilidad de hacerlo por no utilizar el mismo idioma. Pero, tras observar el comportamiento, los cuidados y el cariño que reciben la inmensa mayoría de estos animales «urbanitas», estoy convencido de que están bastante cerca de lo que podríamos llamar «felicidad», si esta existe en el reino animal.
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