Son solo palabras
Advertencia, mito a punto de romperse: un discurso es mucho más que palabras. La imaginería que acompaña, incluida nuestra propia imagen, juega un papel muy relevante. Aunque lo que diferencia un alegato mediocre de uno poderoso son los hechos que acompañan las palabras —y que deberían ser la base de todo—.
Y así, en un párrafo corto, parece que he liberado a las palabras de casi cualquier responsabilidad.
Para nada. No serán lo más importante, pero ay del discurso que no usa las palabras adecuadas para transmitir de la manera más directa y clara el mensaje ideal para la audiencia concreta que tenemos delante.
Suelen decir que tenemos una sola oportunidad de causar una buena primera impresión. En un mundo en el que recibimos unos 6.500 impactos publicitarios al día, esa primera impresión bien puede ser la última, si nos descuidamos a la hora de construir nuestro discurso. Porque, ¿qué es un discurso? Un 15 de marzo, cuando celebramos su Día Mundial, es el momento ideal para dedicarle un minuto.
15M, Día Mundial del Discurso
Seguramente asocias la idea del discurso con lo político y recuerdas algunos memorables, como el de Steve Jobs o el del Dr. King. Si trabajas en comunicación, quizás piensas en el libro de Simon Sinek, "Start with Why".
Pero, si ampliamos su acepción, el discurso es también una conversación de negocios, el pitch de ventas, el texto de un anuncio, el guion de tus vídeos en redes, tus podcasts y tus emails a clientes.
Y aquí llegan las preguntas del día: ¿les sacas todo el provecho a esas oportunidades de comunicar? ¿Te aseguras de que no sean la primera y última vez que escuchan hablar de ti?
Previo al discurso en sí, deberías aclarar tu mensaje —qué vas a decir—, tu intención —para qué vas a contarlo— y hasta dónde vas a contarlo, para adaptar la forma al medio donde se transmite. Porque no es lo mismo hablar con tus hijas, tu pareja, tu equipo, tu clientela o un inversor que nunca ha oído tu nombre.
Solo después llegan las palabras. Y ya no es solo cuestión de que quien te escucha tenga el derecho de recibir un mensaje verdadero, claro y comprensible —porque el destino quiso que el 15 de marzo fuese también el Día Internacional de los Derechos del Consumidor—. Se trata de que tú tienes el derecho y la responsabilidad de transmitir un mensaje que te haga justicia. Un mensaje que, sin exagerar ni hacerte de menos, explique quién eres, qué haces, cómo trabajas y por qué eres la mejor opción frente a toda la competencia. Y que lo haga sin que suenes amateur o, peor aún, artificial, gris, fácil de olvidar.
En los últimos años vi cómo crecía la necesidad de diferenciarse y la dificultad de identificar lo que hace verdaderamente único cada negocio, sea grande o pequeño. Hay dos soluciones que funcionan magníficamente. La primera es rodearte de personas con cuyos discursos, públicos y privados, te identificas. Por experiencia propia, recomiendo un grupo de mujeres autónomas, empresarias y profesionales que trabajan codo a codo para visibilizar e impulsar la excelente labor femenina en Asturias: la asociación Mujeres de Empresa. La segunda, también por experiencia, porque he visto demasiados negocios fracasar por un discurso confuso, sin objetivos y sin verdad, es poner tu comunicación en manos de alguien que sabe lo que hace. Para no acabar como quien mandó 120 emails en frío y no recibió ninguna respuesta.
Porque sí, al fin y al cabo, son solo palabras. Pero las palabras correctas, en el momento adecuado, para la persona precisa, lo cambian todo.
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