¡Bienvenidas mis 72 primaveras!
Balance de siete décadas, ¡ahí es nada!
Otro año que me cargo encima y agradecida que así sea.
Tuve una niñez feliz, una adolescencia descubriendo sensaciones, emociones, los primeros refrescos... Aquel guaje al que le di un paraguazo como respuesta a una inocente palabra que me dijo:
-Cariño, y le respondo, -que por ti la endiño, y el paraguas acaba en su cabeza o espalda (no recuerdo exactamente).
Qué inocentes éramos comparando con los tiempos actuales, donde los niños desde bebés ya manejan el móvil y donde los adolescentes dan lecciones de sexo a sus padres.
Esas romerías donde lo pasábamos también, esas quedadas caseras en casa de las amigas para ir a la verbena por la noche y donde siempre recuerdo que estábamos supervisadas por los padres en todo momento, aunque no fueran los propios ahí estaban los ajenos para que no nos saliéramos del carril. Tengo tantos recuerdos y anécdotas que daría para escribir un libro en formato biblia.
Más adelante cuando empezaban los mozos a rondar, aquello era un no parar. Lo mejor, o peor, es que no era consciente de tantas cosas, tal vez por eso tenía tanto éxito. Dejo una anécdota como ejemplo, yo era como una ONG, en el baile todos eran bien recibidos, no daba calabazas a ninguno, bueno igual a alguno pero no era nada escogida. Había otras que solo aceptaban a los mejor parecidos o los que vestían mejor; como si eso fuese garantía de algo, es bien sabido que el hábito no hace al monje.
Una vez casada llegó la realidad, ya se forma propia familia, pasas de no tener ninguna preocupación a ser el pilar importante de tu casa.
Nacimiento de hijo, alegría y tristeza, porque muchas veces la vida no te ofrece lo que consideramos que nos debe dar y ahí comienza la lucha, contra todos los que consideran que lo diferente ofende, no gusta verlo y menos darle su sitio.
El matrimonio es como una montaña rusa, a veces estas arriba, otras abajo y cuando un hijo con discapacidad llega muchas veces ya ni sabes dónde estás. Porque ese ser indefenso necesita todos los cuidados como cualquier niño o niña. Lo que ocurre es que pasa una a convertirse en una leona contra todo lo que te impida avanzar en conseguir derechos para lo que más quieres en el mundo. Bueno, muchas personas saben bien de lo que hablo, porque llevo años escribiendo sobre la discapacidad invisible, como lo es la discapacidad psíquica.
Tantos años siendo principal cuidadora de mi hijo con DC pasa factura, porque los hijos e hijas dependientes necesitan tanto de ti, que te absorben, la vida que al principio parecía que no pasaban los años.... Ahora vuela y entonces llega el temor al futuro de lo que más quieres cuando los padres ya no estemos aquí.
Hoy no quiero hurgar en la herida que duele tanto, hoy quiero céntrame en lo que me queda por vivir, 72 años no se cumplen todos los días y es motivo de celebrar que estoy viva, también de recordar todo lo bueno que me ha ofrecido; los amigos, las personas increíbles que siempre llevo en mi corazón por todo lo que han sumado en mi vida.
Sin olvidar a las personas que me han enseñado con sus hechos y acciones que no todo es lo que parece a primera vista. No todas las personas que dicen ser tus amigos lo son, de eso tengo un Master que no he pagado, lo he adquirido observando y callando esas pequeñas mentiras, esas disculpas que no pides pero te las ofrecen, esas pequeñas traiciones que me demuestran que a veces quien se junta a una no es porque te aprecien, es porque te ven como un camino para llegar a su meta; lo que viene a ser la manipulación y el interés en su propio beneficio.
Siempre he pensado que no había maldad, envidia, malas artes, ni odio. Claro era muy joven y como dice la canción pensaba que todo el mundo era bueno; a estas alturas de mi vida, me he vuelto muy selectiva, prefiero estar sola que estar rodeada de personas falsas, que te sonríen de frente y te ponen a caer de un burro por la espalda.
Tarde o temprano, llega un momento en que una entiende que no todas las personas están destinadas a quedarse en mi vida. Algunas solo pasan por ella para enseñarme algo, para mostrarme un límite o para recordarme cuánto vale mi tranquilidad.
Dicen que de bueno a tonto hay un pelo y es cierto, porque lo he comprobado en mi misma por estas pequeñas cosas que paso a enumerar:
Por ser la primera en llamar por teléfono o enviar mensajes para saber que tal están.
Por estar siempre pendiente de todos.
Por dejarme de última en la fila de prioridades, por hacer por los demás lo que jamás nadie haría por mí.
Por creerme cuentos que a leguas se veía que eran mentiras miserables.
Hasta que decidí volverme diferente, cambiar, y empecé por ser mi prioridad.
Cuando eso sucedió me convertí en la peor de acuerdo la opinión errónea que existía por parte de las personas que notaron que ya no eran prioridad.
Deje de correr ayudar.
Aprendí a decir no.
Le di a cada uno el mismo lugar donde estaba yo en su vida, y fue abrir los ojos para ver que nunca tuve el mismo valor que ellos tenían en la mía.
Aprendí a ser prioridad y me estoy deshaciendo de toda la gente inservible y sin valor de mi vida.
Así pase de ser la más buena a la más mala del cuento
En la vida, no todos los que se llaman amigos lo son realmente. Algunos se acercan con sonrisas y palabras amables, pero en momentos de necesidad, desaparecen sin dejar rastro. Esos son los amigos falsos, que solo están cuando les conviene.
Un verdadero amigo no solo celebra tus éxitos, sino que también te apoya en tus fracasos. La amistad no se mide por el tiempo compartido, sino por la lealtad demostrada.
En mi cumpleaños, con 72 años encima, ya no aguanto tonterías ni le bailo el agua a nadie, tal vez es el largo recorrido de mi vida el que me está haciendo ver la realidad que no quería ver, primero (hace muchos años) por mi juventud y después porque pensaba que todos eran como yo en mi manera de actuar... Una vez una persona me dijo: No esperes que todos actúen como tú lo haces porque siempre vas a llevar decepciones, cada persona es un mundo. ¡Cuánta razón llevaba!
Así que solo me queda darle las gracias a la vida por permitirme celebrar un año más; pedirle que me siga dando prorrogas porque como madre y principal cuidadora de mi hijo con DC, las necesito para poder seguir a su lado el más tiempo posible, porque el día que su padre y yo faltemos se quedara más solo que la una y bajo el desamparo total del negro e incierto futuro que le espera.
Sobre este tema ya escribiré otro día largo y tendido... Hoy toca celebrar otro año más, quedarme con un grupo muy pequeño de amigos y personas con las que tengo más afinidad y por supuesto con mi familia propia, hace unos años mi núcleo familiar estaba formado por Tono, su padre, yo, y mi familia peluda Sammy y Luna. Ellos, los peludos ya no están así que dejamos de ser un cuarteto para pasar a ser un trio.
Para terminar mí escrito solo añadir que los padres y madres mayores que tenemos hijos dependientes, cada año que pasa es un año menos en su compañía y eso hace que los cumpleaños tengan un sabor agridulce. Alegría por cumplir y un temor enorme por dejarles a la deriva cuando ya no estemos.
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