Fue el Día de la Mujer Trabajadora
Hace una semana me sumé a la movilización del 8M, que este año se desarrolló en Villaviciosa. Éramos muchas personas, pero no tantas como para imprimir los cambios que se proponen. La concurrencia causó impresión de cuerpo social bien definido en lo numérico y retórico, pero oscilante entre lo identitario (nacionalidad, género, raza, orientación... interseccionalidad) y lo ontológico (todo aquello que se reduce a vivir o morir). Al final éramos un poco de nuestra madre y de nuestro padre, y sí vi ese rasgo tan asturiano del mentís particularista que nos hace incomunicables unos con otros en lo esencial. Sigue pesando la etnia, la tribu, la gens, tenemos una configuración ancestral que nos predispone a la atomización. No me parece mal -una riqueza, incluso-, siempre que se sea consecuente con ello, empezando por reconocer las limitaciones a la hora de asociarse en este y otros órdenes.
Con este pensamiento y un rimero de sensaciones físicas vibrátiles, volví contento a casa en un transporte de primera juventud restituida.
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