No lloraremos por vosotros
Tenía razón la atrofiada Úrsula Von der Leyen en que no hemos llorado por el ayatolá Jamenei. Pero solo eso, porque cuando menos yo sí creo en que el mundo en transformación con el que ahora nos toca bregar debe estar basado en reglas, en principios, en valores... Estoy convencido cuando menos en que no ha de apoyarse en la puñetera fuerza de unos pocos que imponen sus sandeces a los demás. Un mundo en manos de macarras violentos al albur de sus estupideces no es mundo. Tampoco lloraré por Netanyahu si finalmente se cumple la maldición con la que Irán le ha condenado. Es lo que les suele acaecer a quienes construyen su seguridad a costa de la miseria del vecino. A quienes disparan, después de haber anunciado que han de abandonar sus hogares. No lloraré a Vladimir Putin, que ha sabido leer los delirios imperialistas de quienes en el poder le han instalado. Sí lloraré en cambio, de alegría, el día en que nuevos líderes velen por sus intereses desde el respeto y la tolerancia. Se me empaparán las mejillas cuando perciba que el avance y el progreso están apoyados en la colectividad, la fraternidad, la solidaridad, el compromiso, la responsabilidad y no tanto en los semiconductores, la IA o las tierras raras. Así que, que les parta un rayo a quienes nos siembran muertes e incertidumbre. Brotarán mis lágrimas cuando ya se hayan ido, de felicidad, sabiendo que, tal vez entonces, una evolución amable es posible.
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