La autopista del Cuerna
Teníamos una autopista que se llamaba, con razón, del Huerna, porque discurre por tierras del valle del Huerna. Se sigue denominando igual, “del Huerna”, pero quizá le iría mejor llamarla del “Cuerna”. Porque “cuerna” suena a cuerno, a cornada, a agresión condicionada por esos apéndices que determinados animales bravos usan a para traer a raya a los demás y en ocasiones para herir o incluso matar.
Ya se ha visto que de pasar dicha calzada al uso gratuito… nada. No ha sido posible, lo cual hace pensar un poco mal, al menos con criterios de comparación con otras regiones de nuestro país, en el que este tipo de autopistas de acceso a la región son gratuitas.
Pero, hechos a tener que aguantar la imposición del pago, ¿por qué tiene que costar el mismo precio que cuando era buena? Ahora que está notablemente deteriorada, entrecortada, con stops, señalizaciones de calzada amarillas, túneles que dan miedo y otros deterioros, que invitan a ir por la carretera nacional y despreciar las chapuzas de nuestra autovía de pago, de pago, que –dicho sea de paso– da el pego y aumenta su peligrosidad un mil por ciento en todo el recorrido de los kilómetros más cruciales de los túneles; sobre todo, sobre todo en el sentido de entrada a Asturias. ¡Vaya recibimiento!
Yo la llamaría, si las cosas no cambian, la autopista del Cuerna.
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