La señora Montero y su sonora despedida
Siempre se consideró a los andaluces como un pueblo alegre y un tanto exagerado. Para demostrar que el resto de españoles no estábamos equivocados en esa apreciación, que seguro tendrá, como todo en la vida, sus buenas excepciones, resulta que la señora Montero, ministra de Hacienda y vicepresidenta del Gobierno del señor Sánchez, nos dejó estampada una frase de despedida que destaca a raudales su grado -en mi opinión- de persona engreída y, dicho en bable, un tanto babaya. Para que toda España sepa, y de manera especial los andaluces, pregonó a los cuatro vientos el sacrificio que se tomaba, habiendo llegado en el Gobierno del señor Sánchez a cotas de poder tan altas, al renunciar ahora a todo ello para presentarse a las elecciones andaluzas y tratar de librar a sus paisanos de todo lo malo que, con los actuales gobernantes de allí, les está pasando.
Bueno, pues por mi parte, que tenga usted suerte y sus paisanos juzguen, pero creo que a quienes nos hace un favor es al resto de españoles, dejando el Ministerio de Hacienda y la vicepresidencia que ocupa para otra persona, que ojalá resulte más ajustada a la realidad y con los pies más en tierra que volando en esa especie de viaje astral que con sus fantasiosas declaraciones nos demostró estar haciendo usted. Por mi parte, le deseo larga vida y que llegue a encontrarse tan sumamente bien en su tierra natal que no sienta la tentación nunca más de volver a formar parte de un Gobierno nacional.
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