¿Adónde nos llevarán los hijos de Satán?
En el acervo lingüístico popular se encuentran expresiones interesantes que describen situaciones, hechos o personas de manera poética, si bien no exentas de un alto significado realista. Cuando alguien sufre un daño meticuloso en alguna de sus propiedades se suele decir: "Esto parece ser obra del diablo". De los niños muy traviesos, que disfrutaban destrozándolo todo, empezando por sus propios juguetes, se solía decir que estaban hechos "de la piel del diablo". A una persona malvada que se apresta a cometer un delio con toda celeridad antes que nadie se lo estorbe se le aplica la expresión "como alma que lleva el diablo".
¿Qué metáfora cabría aplicar a los dos monstruos sanguinarios (el loco exterminador de la Casa Blanca y el genocida del Muro) que desde hace tiempo, y sin tregua, están sembrando el dolor a lo largo y ancho del planeta? Si toda metáfora se apoya en una comparación, la naturaleza de este par de monstruos supera cualquier intento de comparación imaginable por ser "lo nunca visto", "lo que no tiene nombre", y su capacidad de generar sufrimiento a la humanidad desborda con creces la capacidad de un ser humano. Su naturaleza es "El Mal", y su única razón de ser consiste en matar, robar, exterminar y devastar donde quiera que se les antoja.
La respuesta a la pregunta inicial "¿Adónde nos llevarán...?" no es otra que "al infierno". Ahí es donde quieren meter a toda la gente inocente, y lo van consiguiendo sin ninguna dificultad. La palabra infierno está en su boca de manera constante por ser su morada natural ("o te arrodillas a mis pies o desato el infierno". En vista del descreimiento creciente en el más allá, han trasladado el infierno a la tierra y en él arrojan día tras día a miles de víctimas inocentes, siendo la lista de sentenciados (palestinos, libaneses, cubanos, iraníes, iraquíes, venezolanos, colombianos...) inacabable.
Me pregunto cuándo duermen y qué comen. La respuesta me llega de las nubes: estos diablos encarnados en forma humana están continuamente en vela, no vaya a ser que se les descuelgue algún punto de su programa sanguinario. En cuanto a la comida, se alimentan del sufrimiento humano que constantemente producen, su único menú aderezado con ultimátums, amenazas y objetivos alcanzados. (Y al día siguiente cuando desperté, los diablos todavía estaban allí).
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