Después de los premios "Goya"
Don Francisco de Goya y Lucientes nació en Fuendetodos (Zaragoza) en mitad del siglo XVIII y falleció en Burdeos (Francia) un año antes que Beethoven. Este ilustrísimo aragonés, gloria de la pintura española, dejó en herencia a los españoles “Los fusilamientos del tres de mayo”, “La familia de Carlos IV”, donde sobresale la reina consorte, Mª Luisa de Parma, con la cabeza “pe lo cimero” y gesto duro de “¡aquí mando yo!”. También pintó, como todos saben, las dos “majas”, la de verano y la de invierno.
Después de muchos años, la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas de España quiso bautizar a esta institución con el nombre del pintor maño. Le consultaron. Él vaciló porque, decía, “el cine aún no ha llegado a mi pueblo”. Y era cierto. Al fin consintió.
Con este ilustre nombre, la Academia echó a andar y a premiar a quienes hubieran sido merecedores del busto del pintor por alguna actividad notable relacionada con el cine. Pero lo que había nacido con el noble fin de dar premios a los cultivadores del séptimo arte fue dando paso poco a poco a emocionados, sentidos y jugosos mítines.
Los premios de 2025 se entregaron el 28 de febrero pasado. Aún se oyen los rumores de las pisadas que sobre la “alfombra roja” depositaron plantas y tacones de quienes asistieron al solemne acto de la entrega de la célebre estatuilla. A juzgar por las conversaciones de los presentes, el acto fue un éxito. Todos salieron satisfechos. Tanto que la actriz Silvia Abril, confundiendo la gimnasia con la magnesia o el culo con las témporas, como diría C. J. Cela, eufórica como quien acaba de descubrir la pólvora, a las preguntas de los sedientos periodistas sobre la película “Los domingos” respondió con voz engolada y con el rostro inundado de luz de amanecer algo que, aparentemente, no tenía nada que ver con el acto de la entrega de los premios: "Me niego a aceptar que la juventud que sube tenga esa carencia y esa tirada hacia lo cristiano". Silvia dixit. ¿A qué carencia se refiere? ¿No será que reconoce en los demás las suyas propias? ¿Qué supone para su futuro que los jóvenes se acerquen a la religión cristiana? Nada. De hecho, le importa un comino. Y sigue: “Me da pena que (esa juventud) necesite creer en algo y se agarre a la fe cristiana…” y “…esa tirada a lo cristiano”. ¿Quién es ella para juzgar las creencias de los demás? ¿Se siente con suficiente bagaje religioso como para condenar a quienes creen en algo, aunque sea en el cristianismo?
Silvia Abril desconoce la Historia de Europa, cuyo ADN lo forman Grecia, Roma y el Cristianismo. Sí, el Cristianismo. ¿Qué vamos a hacer? Y como ella vive en Europa, no sabe que por sus venas y arterias corre sangre cristiana, por mucho que le pese. Falta la pregunta de siempre: ¿se atrevería a juzgar a esos jóvenes si se “agarran” la doctrina de Mahoma? Me temo que no. En tal caso, no hay duda de que haría “mutis por el foro”. Se llama cobardía.
Desconoce nuestra actriz que los Derechos Humanos nacieron en la Escuela de Salamanca con apellido cristiano. La actriz no detuvo su discurso acusatorio ante los jóvenes. Siguió con esta misma melodía, pero con distinta letra, y pasó a hablar de los “chiringuitos” de la Iglesia católica. La Iglesia no tiene "chiringuitos", sino “misiones”. Puede encontrarlos en internet. Se le sugiere a Silvia Abril que vuele a África para que pueda contemplar “en primera persona” e in situ lo que hacen los cristianos en lo que ella llama despectivamente “chiringuitos”. Puede que dé marcha atrás. No hace mucho, otra eminencia inclusiva dijo que no a que se protestara por los cristianos perseguidos y ejecutados en algunos países de África. Y todo esto cuando se reclama cada día por los Derechos Humanos. Vivir para ver. Esperamos que estos vendavales tan turbios cedan el paso a los transparentes aires de la primavera.
Debe rellenar todos los datos obligatorios solicitados en el formulario. Las cartas deberán tener una extensión equivalente a un folio a doble espacio y podrán ser publicadas tanto en la edición impresa como en la digital.
Las cartas a esta sección deberán remitirse mecanografiadas, con una extensión aconsejada de un folio a doble espacio y acompañadas de nombre y apellidos, dirección, fotocopia del DNI y número de teléfono de la persona o personas que la firman a la siguiente dirección:
Calvo Sotelo, 7, 33007 Oviedo

