Qué nos quedará después de Trump
La guerra de Irán va a terminar muy pronto. Mucho más pronto que tarde, aunque sus secuelas van para rato. El fácilmente influenciable Trump fue arrastrado por Netanyahu, y ahora que el pueblo americano se empieza a amontonar, aquel va a dejar empantanado a este. O sea, que nos quedamos con más de lo mismo. Espero que la ancha secuencia de estupideces pase factura al presidente estadunidense con ocasión de las elecciones de noviembre. Sin embargo, creo que no hemos de llevarnos a engaño. Nada va a cambiar sustancialmente tras Trump. Ya Biden, salvo en lo relativo a la política medioambiental, apenas transformó nada de la primera legislatura de Trump. Cuando gracias a Dios se haya ido, EE UU seguirá instalado en el ombligo del mundo en el que se autoerige, ya desde sus padres fundadores. Su arrogancia y su iluminado sentido de sentirse centro del universo nos seguirán imponiendo modelo y conductas. Por supuesto que en el marco de la regresión en la que desde 1991 está inscrito. La caída de la URSS multiplicó la vanagloria en la que ahora se diluye. Lo malo no es que EE UU se desvanezca en su decadente engreimiento. Lo perverso es que en Europa apenas si hemos arrancado a la hora de armar nuestra propio andamiaje de sustitución.
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