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El futuro que huele mal en Trevías

2 de Abril del 2026 - Asunción López Sixto (Trevías)

Soy abuela. He visto crecer generaciones enteras en Trevías, en el concejo de Valdés. He paseado por sus calles cuando aún se escuchaba el enorme bullicio de los cientos de niños que años atrás llenaban el colegio público San Miguel y el murmullo tranquilo del río Esva sin más preocupación que el paso del tiempo. Hoy, sin embargo, me descubro pensando en el futuro de Trevías con una inquietud que nunca antes había sentido.

Me pregunto qué será de Trevías en el futuro próximo. No por la falta de jóvenes y la drástica disminución de los mismos -que también duele-, sino por la preocupación que se instala en nuestras casas y algo más inmediato, más físico, más difícil de ignorar: el olor.

La depuradora de Trevías, cuya ubicación prevista en el centro del pueblo genera un malestar unánime en todo el pueblo, debería ser símbolo de progreso y cuidado del entorno, pero amenaza con convertirse en todo lo contrario. Situarla en pleno corazón de Trevías puede hacer que los olores se propaguen con facilidad por todo el pueblo, afectando al día a día de quienes vivimos aquí.

Me planteo cómo será el día a día de los niños en el colegio, a escasos metros de la depuradora, respirando un olor constante que afectará su salud, su aprendizaje, su recreo y su tiempo de convivencia; cómo pasarán los días los vecinos que viven más cerca; cómo podrá el equipo local de fútbol disputar sus partidos con el hedor constante del lugar; y cómo será ir al centro de salud enfermo y casi sin poder respirar debido a los olores. Si no se ubica con cuidado y sin tener en cuenta estas consecuencias, ¿qué nos espera en Trevías? ¿Un pueblo donde abrir la ventana sea un gesto incómodo? ¿Donde pasear al atardecer se convierta en una experiencia desagradable?

No hablamos solo de incomodidad puntual. Hablamos de malestar continuo, de molestias persistentes que pueden acabar condicionando la vida y la salud emocional de sus habitantes. Porque vivir en Trevías no debería implicar resignarse a convivir con malos olores ni a ver deteriorada la calidad de vida por decisiones evitables.

La responsabilidad recae sobre los políticos, quienes deben planificar con sensatez y escuchar al pueblo. El rechazo a la ubicación propuesta es unánime en Trevías, y no puede ignorarse: la voz de los habitantes que vivimos y amamos este pueblo merece ser tenida en cuenta antes de tomar decisiones que afecten a generaciones presentes y futuras.

Me pregunto, además, si este es el legado que estamos dejando a las futuras generaciones de Trevías y si los políticos locales y regionales nos podrán mirar a la cara tras haber permitiendo este atropello.

A mis 72 años, nunca vi cómo algo se gestionaba para Trevías con tanta falta de transparencia y de información, como si se hubiera hecho de forma intencionada como ha ocurrido con la ubicación de la depuradora.

A veces, y me cuesta decirlo, me planteo si llegará el día en que en Trevías tengamos que salir de casa con un trapo cubriendo la nariz para protegernos del aire que respiramos cada día.

Un pueblo como Trevías no se abandona solo cuando se cierran sus negocios o se marchan sus jóvenes. Trevías también se abandona cuando se descuida lo esencial, cuando se permite que la calidad de vida se deteriore poco a poco, casi sin hacer ruido, pero dejando huella en cada rincón.

No escribo estas palabras desde el enfado, sino desde la preocupación y el cariño profundo que siento por Trevías. Aún estamos a tiempo de evitar ese futuro que hoy parece insinuarse. Pero para ello hace falta planificación responsable, una ubicación adecuada y, sobre todo, respeto por quienes seguimos viviendo en Trevías.

Porque Trevías no debería oler a abandono.

Atentamente,

Una abuela de Trevías

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