Incoherencia de presidentes superados por un ego superlativo
Si lo que pretendía nuestro presidente era satisfacer su ego superlativo diciéndole a Donald Trump que se metiera su resentimiento hacia Irán por donde le cupiera, lo ha conseguido porque el mundo progresista, desde las trincheras, está viviendo un momento Pedro Sánchez.
Como un Hugh Grant ibérico en "Love Actually", el presidente del Gobierno español dejó a los liberales extasiados y hasta el propio Irán asegura haber puesto fotos de Sánchez en misiles que usará para atacar a Israel incluyendo un texto de agradecimiento a la postura del presidente.
El "New Statesman" lo calificó de «icono de la izquierda». Susan Sarandon le elogió efusivamente en los Goya. Mark Ruffalo quedó tan impresionado que incluso dijo que Sánchez debería estar «liderando la UE». Objetivo cumplido.
Si lo que pretende el presidente americano es satisfacer su ego hipersuperlativo consiguiendo que Estados Unidos cree las condiciones para que el pueblo iraní se levante contra sus ayatolás opresores, las fuerzas estadounidenses podrían regresar a casa victoriosas, y tal vez Donald Trump fuera agasajado y encabezara un desfile triunfal por la Quinta Avenida y Christopher Street de Nueva York, como el famoso desfile gay, por haber salvado la vida de todos esos soldados estadounidenses que se dirigen a la zona de guerra. Objetivo cumplido.
El problema radica en que ambos han ido demasiado lejos, convertidos en esclavos de su ego, y ni uno ni otro pueden dar marcha atrás.
Me imagino que Trump busca una salida desesperada, agobiado porque el tiempo se le acaba. ¿Pero con quién negociaría? ¿Con el hijo del hombre al que asesinó? ¿Y por qué los iraníes negociarían con el hombre que ya les atacó dos veces con el pretexto de negociar? Trump ahora solo puede exigir negociaciones, o asesinar a más líderes iraníes.
El problema de Sánchez es que no comprende que su desafío tiene un alto precio y lo pagaremos de muchas maneras, porque nadie desafía a Washington y sale impune.
Su hipócrita y oportunista "No a la guerra" y su desafío a EE UU significan que España ya está pagando un 50% más por su petróleo, y eso es solo el principio de lo que podría ser una pendiente hacia la pobreza y la dependencia.
Particularmente, reniego de la guerra, y en el fondo estoy de acuerdo con nuestro presidente, pero discrepo absolutamente de las formas. ¿Era necesario pringarse individualmente cuando estamos integrados en organismos oficiales con un montón de países como OTAN o UE, que votan y operan mancomunadamente? ¿No hubiera sido procedente votar con el resto de aliados en contra de la invasión a Irán, si se quiere, y hacer un comunicado oficial en esa línea?
Concluimos que a España no le gusta esta guerra y no va a participar. No nos gusta y tenemos derecho a no participar. Punto.
Lo que dice Trump, y también tiene derecho, es que, la próxima vez que España necesite ayuda, "no nos sentiremos obligados a ayudarla". Punto.
Habrá un momento donde se repartan logros y fracasos. A ver qué nos toca.
Saludos cordiales.
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