Tu perro no molesta; tú, sí
Basta de excusas. Basta de justificar comportamientos que molestan a todos con un simple "mi perro no molesta". No es tu perro. Es tu actitud. Tu arrogancia. Tu ego disfrazado de libertad.
Si todos pensaran como tú, las playas serían vertederos, los centros comerciales un campo de batalla y el respeto a los demás, un chiste de mal gusto. Lo que molesta no es el animal. Lo que molesta es tu creencia de que eres la excepción. Que las reglas no te aplican. Que tu comodidad vale más que la convivencia.
El civismo no se lleva con correa ni con bozal. Se lleva en la cabeza. Se lleva en la capacidad de entender que tu libertad termina donde empieza la de los demás. Y no, no se trata de ser políticamente correcto: se trata de no ser un desastre andando por la vida.
Así que deja de mentirte. Deja de creer que tu perro es inocente y tú un héroe. Molesta tu desprecio por los demás. Molesta tu prepotencia envuelta en excusa. Molesta que pienses que "no pasa nada" cuando todos sabemos que sí pasa.
No es tu perro. Es tu excusa. Y eso, amigo mío, sí que molesta.
No se trata de prohibir, se trata de civismo, educación y respeto.
Los perros, fuera de playas y centros comerciales. Punto.
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