Javier Amor
Una vez, en los años 80s, fui a la embajada española en Managua para gestionar un pasaporte. Me lo entregaron de inmediato.
Tal vez el funcionario a cargo se fijara que mi pueblo de nacimiento era el mismo que el suyo. Pero Javier Amor no lo dijo. En la sala de espera, otro funcionario, el embajador Yago Pico de Coaña, salía a preguntar si ya nos estaban atendiendo, si precisábamos algo más. No parece que otros embajadores tengan actitudes similares.
Me dicen que ha fallecido hoy Javier Amor.
Que fue canciller en la Embajada española en Nicaragua. Que nació en Jaraíz de la Vera. Que su familia es nica y fue expulsada de allá. Que tiene obras de teatro, escritas y representadas. Que pertenece a la Comuna (mujeres y hombres que han sufrido la represión franquista), que también estaba en Irak cuando la invasión gringa (hoy que se cumplen 23 años del crimen de guerra yanqui de José Couso).
Y que tiene una novela no publicada (pero que me compartió un ejemplar) donde aparecen personajes, seminaristas, curas, guerrilleros, en Centroamérica, en Colombia, con derivas ideológicas variadas, y con actos (¿o deseos?), de magnicidio (¿o tiranicidio?).
Como verato, escribía versiones de la Serrana de la Vera, y le daba por recordar el estremeñu:
Carnavales carnavales
cuando sus veré venir
para ver a los borrachos
de la taberna salir
Como madrileño forzado (forzado a abandonar Nicaragua), le dedicó soneto a Almudena Grande.
Una emoción interminable
No es contarlo; es decirlo con el alma,
es rescatar del contumaz olvido
la resistencia que le da sentido
a la ardiente pulsión que nos inflama.
El heroico espejo nos desarma,
nos conmueve hasta lo quebradizo
y nos conmina a proyectarnos dignos
de transitar del ayer hacia el mañana.
Muchas gracias, mujer, por el legado.
La fortaleza que tu nombre encierra,
grande pasión, mudaina de ternura,
es un timbre de gloria ante el pecado
de ser testigos rojos de esta tierra
que aras con el pincel de tu escritura.
¡Y esto es después de los primeros cuatro!
Javier Amor, marzo 2019
Y a las mujeres nicas, rebeldes y propositivas, también las acompañó, con su militancia en Unidos por Nicaragua, y con sus versos.
Contra Creonte
Entiendo - a duras penas-
el sectarismo de los desinformados.
Y siento mi deber, en buena hora,
proclamar, con voz potente y frente alta,
el honor y la lucha
que opusieron al déspota
un haz de hijas preclaras
antes del despertar de Abril
y durante las secuelas
de la patria alzada.
Por no ser exhaustivo, déjenme nombrar
a Dora, Mónica López, doña Vilma,
a Gioconda, Azahalea, Sandra Ramos,
a Sofía, Vigil, Quiroz, Elvira,
y tantas otras que, por espacio, callo.
No es casual que su cuna común
esté en un pueblecito de Masaya.
Ellas están donde estuvieron siempre.
Quienes han cambiado
son los lobos mendaces,
los del tufo a pelaje ensangrentado,
los que no dejan otra alternativa que la muerte.
La entrega y experiencia de nuestras mujeres
será la sal de la tierra que amamos.
Para el rumbo hacia el alba difícil
bien sabemos que con ellas contamos.
Hasta siempre tocayo y paisano.
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