14 de abril en Navia
El aniversario 95 del 14 de abril, que daba paso a la Segunda República española, ha querido dedicarse, en territorio del occidente astur, a la Memoria, a su rescate, convocando ante dos de las piedras que recuerdan ejecuciones extrajudiciales franquistas, en el límite entre los concejos de Navia y Valdés.
Una de ellas en el "vado", el Bao, el Vau, una curva sobre la nacional 634, que ahora se encuentra en encrucijada terrible, entre los ruidos metálicos intensos de la autovía y el grandísimo puente que hay por encima, y el rumor y tranquilidad del río Barayo y la fuente del Bao, que allí mismo alimenta al río fronterizo.
Vandalizado varias veces, se ha vuelto a colocar nombre y motivo, mientras se entonaban canciones y se compartían textos históricos relativos a la llegada de tropas fascistas sublevadas por estas geografías, cinco años después del pacífico advenimiento republicano.
Y a pocos metros, la de Tox, cuya placa también ha sido robada. A la vera de uno de los itinerarios más hermosos de la tierrina, donde el Barayo alimenta bosques e historias, Madre-Tierra fecunda, y odios fascistas escondidos a veces, mostrados en toda su crudeza otras.
Avisadas han sido de nuevo las autoridades, la alcaldesa de Navia, el alcalde de Valdés, el Gobierno astur y su área encargada de preservar la Memoria, o la Guardia Civil, que de paisano se llegó a curiosear la concentración de personas en el Bao y en Tox.
Un día que don Antonio Machado recordaba de este modo:
"El 14 de Abril de 1931 en Segovia.
Era un hermoso día de sol. Con las primeras hojas de los chopos y las últimas flores de los almendros llegaba, al fin, la segunda y gloriosa República Española. ¿Venía del brazo de la primavera? La canción infantil que yo oí cantar, o soñé que se cantaba en aquellas horas, lo decía de este modo:
La primavera ha venido
del brazo de un capitán.
Cantad, niñas, en coro:
¡Viva Fermín Galán!
Florecía la sangre de los héroes de Jaca, enterrados bajo las nieves del invierno y el hombre abrileño del capitán muerto era evocado por la canción infantil como un fantasma de primavera.
La primavera ha venido
y Don Alfonso se va.
Muchos duques lo acompañan
hasta cerca de la mar.
Las cigüeñas de las torres
quisieran verlo embarcar.
Fue un día profundamente alegre -muchos que éramos viejos no recordábamos otro más alegre-, un día maravilloso en que la naturaleza y la historia parecían fundirse para vibrar juntas en el alma de los poetas y en los labios de los niños.
Mi amigo Antonio Ballesteros y yo izamos en el Ayuntamiento la bandera tricolor. Se cantó la Marsellesa; sonaron los compases del Himno de Riego. La Internacional no había sonado todavía. Era muy legítimo nuestro regocijo. La República había venido por sus cabales, de un modo perfecto, como resultado de unas elecciones. Todo un régimen caía sin sangre, para asombro del mundo.
Ni siquiera el crimen profético de un loco, que hubiera eliminado a un traidor, turbó la faz de aquellas horas.
La República salía de las urnas acabada y perfecta, como Minerva de la cabeza de Júpiter.
Así recuerdo yo el 14 de Abril de 1931".
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