Nápoles, especial; no estereotipada
Nápoles, tan napolitana ella por encima de todo. Tan italiana... También tan española. No en vano, no pueden desvanecerse 271 años en los que Nápoles dio gloria a Aragon, a España y a los Austrias. Fue en torno al 1600, ya con Felipe III, cuando Nápoles era la ciudad más grande del mundo y de las más ricas. 204 años sólo de Virreinato. Anterior incluso a los americanos. Nápoles es carácter y es estereotipo. Este como fabula; como simplificación exagerada; como atajo mental. Porque Nápoles, además de napolitana, es diversidad. Su personalidad es mixtura; popurrí de seres e interpretaciones. Un mural de la estación de metro de la calle Toledo, "la più bella del mondo", en pleno barrio español, recoge la heterogeneidad de los locales. Cientos de fotos de ciudadanos, cada cual distinto de los demás. Prima la libertad de cada cual frente al conjunto. El estereotipo de leyenda en Nápoles es Maradona, donde lo siguen viendo como Dios, más de cinco años después que se lo llevarán las secuelas de su vida, tan disparatada ella. Modelo a mi entender de que talento y fútbol de élite son incompatibles en no pocas ocasiones. Cuanta pasión detrás, no obstante, la cual empapa a tantos napolitanos dispares. El estereotipo lo ponen sus murales en la Vía Emanuele de Deo. Su realidad, un club de fútbol que alcanza, cuando no la gloria, siempre el compromiso de su afición. Por supuesto no estereotipada. Libre y distinta frente a los modelos; igualita que Nápoles.
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