La Nueva España » Cartas de los lectores » La corrupción, ese atajo con pendiente

La corrupción, ese atajo con pendiente

21 de Abril del 2026 - Antonio Valle Suárez (Castropol)

La corrupción en España, y quizá en el resto de países, no es una sorpresa ni una importación extranjera. Es más bien una vieja conocida, de esas que no se presentan, pero siempre encuentran silla. Aparece cuando alguien confunde el cargo con la propiedad y el servicio con el beneficio. Y lo hace con modales siempre. Un favor, una excepción, un "esto siempre se hizo así". Nada grave, nada urgente... hasta que lo es todo.

El atajo, como concepto, tiene muy buena prensa. Ahorra tiempo, evita esfuerzo y, sobre todo, evita escrúpulos. El problema es que cuando demasiados toman el atajo el camino recto empieza a parecer sospechoso. En este país, cumplir las normas a veces no te convierte en ejemplar, sino en candidato a ingenuo.

Nos gusta imaginar la corrupción como algo lejano, con despacho grande y titular en portada. Pero también vive más cerca. En lo público, cuando el dinero de todos se vuelve sorprendentemente hospitalario con unos pocos. Y en lo privado, donde el mérito pierde demasiadas veces frente a la cercanía, el esfuerzo frente al apellido y la justicia frente a la conveniencia. Esa corrupción no sale en los periódicos, pero se siente en el estómago. Porque cuando lo injusto te paga el sueldo, la dignidad cotiza a la baja.

Luego está nuestra especialidad nacional, la indulgencia selectiva. La corrupción del contrario es intolerable; la propia, matizable. "No será para tanto", "los otros hicieron más", "esto es lo normal", "él es distinto, es el jefe". Y así, entre excusa y excusa, la anormalidad se convierte en costumbre. Lo preocupante no es que exista corrupción. Lo preocupante es que ya no nos sorprenda.

Cada abuso tolerado es una lección mal aprendida. Enseña que las normas son orientativas, que la ética es decorativa y que la memoria es frágil. Por eso convendría que el ciudadano, ese al que solo se llama cuando hay que votar o pagar, hiciera algo revolucionario. No olvidar. Ni quién, ni cómo, ni cuándo. Sin odio, pero sin amnesia, que es peor. Porque la corrupción no es un accidente. Es una decisión. Y también, demasiadas veces, una tolerancia. El atajo siempre parece buena idea... hasta que el suelo desaparece bajo los pies. Luego vienen las quejas, las manos a la cabeza y el "quién lo iba a imaginar". Pues casi cualquiera que no estuviese mirando para otro lado.

Cartas

Número de cartas: 49754

Número de cartas en Abril: 123

Tribunas

Número de tribunas: 2196

Número de tribunas en Abril: 2

Condiciones
Enviar carta por internet

Debe rellenar todos los datos obligatorios solicitados en el formulario. Las cartas deberán tener una extensión equivalente a un folio a doble espacio y podrán ser publicadas tanto en la edición impresa como en la digital.

» Formulario de envío.

Enviar carta por correo convencional

Las cartas a esta sección deberán remitirse mecanografiadas, con una extensión aconsejada de un folio a doble espacio y acompañadas de nombre y apellidos, dirección, fotocopia del DNI y número de teléfono de la persona o personas que la firman a la siguiente dirección:

Calvo Sotelo, 7, 33007 Oviedo
Buscador