Esther, la de partos
La muerte de mi hijo Raúl, con tres meses y medio, fue un golpe muy duro. Conocí, con aquello, la cara más dura de la vida, pero sobre todo, de la muerte. Aprendí a recoger todo lo que me aliviaba un poco a transitar aquel camino de duelo.
Y cuando me pongo a pensar qué fue, recuerdo un momento concreto en el que una mujer que trabajaba en el Hospital de Jarrio (en el que estábamos) cogió mi mano en un momento de shock para mí y la acercó a mi bebé para que lo acariciase. Creo que ella ya sabía que aquella sería la última vez que lo haría. Reviví ese momento noches y noches, agradecida de aquel gesto.
Poco después, acudí a una charla sobre la muerte y duelo perinatal que la Asociación Brazos Vacíos daba en La Caridad. Allí, una mujer se acercó a mí. Era ella. Era Esther.
Se presentó ante mí con su dulzura y su sonrisa y me dijo: "Seguro que no me recuerdas. Yo a ti sí. Eres la mamá de Raúl". No pude evitar emocionarme. Y estuvimos charlando un rato.
Años más tarde, presenté mi libro "Las vidas que habitas". Ahí estaba de nuevo Esther, ocupando uno de los sitios delanteros entre el público. Ahí estaba recordando a Raúl y emocionándose conmigo.
Y ahora, me entero de tu muerte y no puedo dejar de sentir un golpe en el estómago. Porque no te merecías irte tan pronto, Esther. Porque dejas huérfanas y rotas a la sanidad pública, al Hospital de Jarrio y a muchas familias que te recordamos con tanto cariño.
Tu empatía, tu cercanía, tu familiaridad. Tu manera de trabajar tan amigable, tan llena de tranquilidad y sabiendo cómo hacerlo y cómo comportarse. Ojalá tu equipo haya quedado empapado de todos tus valores porque se necesita mucha gente como tú. Personas a las que agradecer su trabajo y que, como en tu caso, sobrepasa ya a lo personal.
Te recordaré siempre con tu sonrisa y por haber dejado que me llevase conmigo aquella última caricia a mi hijo. Aquel gesto alivió mi dolor. Te lo agradecí en persona. Y te lo agradeceré el resto de mi vida.
Si te encuentras con Raúl, dale un abrazo de mi parte y muéstrale, porque sé que lo harás, la mejor de tus sonrisas.
Yo, desde aquí, no dejaré de darte las gracias por cruzarte en nuestro camino y formar parte de nuestra historia. Dejaste una huella que será para siempre.
Eternamente agradecida,
Vero, mamá de Raúl.
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