El hilo reencontrado de Javier Carranza
La propuesta del Ayuntamiento de Gijón de conceder la Medalla de Oro de la Villa 2026 a los Misioneros Claretianos me ha traído recuerdos de mi vida educativa. Como decía Octavio Paz, «La vida no es lo que uno vivió, sino lo que uno recuerda y cómo lo recuerda para contarlo». En ese hilo de mis recuerdos, hay un nombre propio que justifica, a mi juicio, la adecuación de tal distinción para la institución, y es Javier Carranza CMF.
Desde el curso para el examen de ingreso al Bachiller en 1959 en que fue mi profesor, su figura fue una constante durante los años siguientes de vida educativa en el Codema, con él como "prefecto" de disciplina. Como tal solía decirnos frases como esta: «¡Chavales! Reírse del bien pasa, pero reírse con el mal y disfrutar es diabólico». Después de haber abandonado el colegio, un día mis amigos (excolegiales también) y yo nos tropezamos con él y, a su propuesta, aceptamos acompañarle con música y cantos por conventos de monjas en los que oficiaba en la Navidad de 1969. Recuerdo también una extenuante caminata a la peña de los Cuatro Jueces. Poco después le perdí el hilo, y supuse que se había marchado de misiones al Perú, como nos había comentado deseaba y estaba próximo.
Hace un par de años, en una charla fortuita, surgió su nombre, y así fue como recuperé de nuevo el hilo en los recuerdos de otros que también le apreciaban. Me enteré de que se había ido a misiones en 1970 a la comunidad de juanjuí en la Amazonía peruana, donde se inició en la práctica zen a través de «los libros prestados por una monja misionera que practicaba zen con la Maestra Ana Maria Schülter Kiu-An». De vuelta a Gijón, como vicario parroquial desde 1990, se carga de actividades, pero echa de menos el trabajo unido a la plenitud vacía del zen, y se va a visitar en Brihuega a Ana Maria Schülter, la cual le autoriza a convertirse en guía espiritual del Grupo Zen Asturias, y lo hace desde 1998 hasta su fallecimiento, en 2013. Él siempre dijo: «Soy ante todo claretiano, y soy hijo de la obediencia». Su sabiduría sencilla y simple quedó sellada en el libro: "Flor de Sauco" (2019), editado por el Grupo Zen Asturias. En él se recoge su vida, sus reflexiones, y sus haikus. Haikus como: «Cuantas más palabras, pensamientos y sentimientos, menos das con el hecho en sí».
Sirvan estas líneas para apoyar la propuesta de Medalla de Oro de la Villa 2026 para una institución que, a través de personas como el P. Carranza CMF, unió la enseñanza académica con el espíritu misionero y la hondura espiritual.
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