Claro que sí: prioridad nacional
Todos entendemos que, cuando los recursos son limitados, una familia atiende primero a los suyos. Primero sus hijos, primero quienes dependen de ella. No porque desprecie a los demás, sino porque asume su responsabilidad.
Nadie considera inmoral que unos padres prioricen alimentar, vestir y proteger a sus hijos antes que a los del vecino. Al contrario: entendemos que esa es su obligación.
Entonces, ¿por qué se pretende presentar como egoísta que un país haga lo mismo con sus ciudadanos?
Defender que una nación priorice a los suyos no es falta de solidaridad; es responsabilidad política. La solidaridad solo es justa cuando parte de atender primero las obligaciones propias.
La hipocresía está en quienes condenan esa lógica tan elemental mientras aceptan privilegios para corruptos, pactos con delincuentes o excepciones legales a cambio de poder.
Nos hablan de igualdad mientras reparten desigualdad. Nos hablan de justicia mientras negocian impunidad. Nos hablan de solidaridad mientras usan la moral como propaganda.
La familia entiende algo que muchos políticos parecen olvidar: la responsabilidad empieza por los tuyos.
Y un Estado que renuncia a proteger primero a sus ciudadanos no está siendo más solidario, está abandonando su deber.
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