Es de bien nacidos ser agradecidos
Que estamos en la mejores manos, que los profesionales son de "diez plus", que estar aquí nos da seguridad, que el trato es amable y rezuman humanidad, que sentimos que esto es un poco casa por la cantidad de veces que hemos venido, que aquí se escucha, se mira, se atiende con paciencia.
En este universo, hay personas que pasan en silencio, como sin darse importancia, y dejan el aroma de lo limpio. Otras reparten los menús con un "que aproveche" muy de nuestra tierra, y esas mismas atienden a los pacientes para que siempre descansen entre pijamas y sábanas blancas con olor a jabón fresco. Otros traen la fuerza para levantar y mover a quienes pesan como si de una pluma se tratara. Y están atentas a que si la almohada así, la manta extra, el gel hidroalcohólico que se repone... sin prisa y sin pausa, todo listo y siempre. Después vienen las y los que curan, las que toman el pulso y la temperatura y detectan con un sentido especial cómo van esos cuerpos, y esas almas, y que sienten, para que se tomen después o inmediatamente decisiones que a veces son vitales. Llegan puntualmente los que lo saben todo (aunque algunos, humildes ellos y ellas, dicen que no saben nada) y aciertan con lo que pasa, dirigen las operaciones delicadas, pautan tratamientos y equilibran con su acierto las decisiones fundamentales.
Nadie somos imprescindibles (eso dice siempre mi padre, que ahora está en esta casa en la que se unen la humanidad, la ciencia y el buen hacer). Pero qué sería de los enfermos sin estos equipos humanos que luchan para que la vida siga su curso. Y siga con calidad y la dignidad intrínseca al ser humano.
Y a esto se le suma un pequeño espacio, en este magno edificio, ahí, en la planta menos uno. Un espacio discreto y sencillo.
Al no estar señalado en el hall de entrada, pasa desapercibido para cualquiera que entre apurado a las visitas o decaído al ingreso. Ahí, en la capilla del HUCA, se cargan las pilas del corazón cuando se siente el pesar por el familiar y el amigo que aquí "vive" unos días sin haberlo decidido. Allí hay curas que sanan: es un modo de hablar. Ya saben los que saben de esto que solo Dios cura.
Hay que acabar. Estas letras no tienen más síntesis que gracias, gracias, gracias a quienes hacen posible que sigamos aquí y que sigamos tan bien cuidados.
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