El mejor legado
Me acaba de llamar un amigo. De esos que se hacen una vez en la vida y duran siempre. Me cuenta cómo falleció su padre, Carlos ,hace unos días: rodeado de su mujer, sus hijos y numerosos nietos. Pudieron estar todos un rato a solas con él. A cada uno les pidió perdón por las cosas que había podido hacer mal. Todos le perdonaron y agradecieron el amor recibido de su parte. Me conmovió por la humildad y por la manifestación de saber querer de uno y de otros. Me comentó que cuando falleció en esa casa había paz y serenidad. A veces, cuando todo tiembla, me pregunto: si hoy se cerrara el telón de mi vida, ¿quedaría algo encendido?, ¿he sabido amar?,¿he sabido perdonar?, ¿servir? Pues pienso que no hay otra medida. No hay mayor éxito. No hay mejor legado. Algún día nos iremos. Moriremos. Eso no lo podemos elegir. Pero sí podemos elegir no hacerlo en vano. Viviendo una vida plena, aun con cruces. Amando sin garantías, sin esperar nada, como Carlos. Ese ha sido su legado. Seguro que sigue creciendo desde el cielo.
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