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El PP actual cede definitivamente la superioridad moral a la izquierda

6 de Mayo del 2026 - José Fernando Suárez Mejido (Villamoréi)

Uno, que es de izquierdas de toda la vida, ha tenido frecuentes discusiones con algún amigo de derechas que se indigna porque dice que los de izquierdas nos creemos con superioridad moral sobre la derecha. Indudablemente no hablamos de moralidad en el sentido que defienden las religiones, que sería difícil de valorar, sino en el sentido de humanidad. Por ejemplo, ¿alguien duda que exterminar a los gazatíes es un acto inhumano e inmoral, pese a que entre ellos pudiera haber muchos terroristas? Por si alguien lo duda, sería como si en la época de ETA se hubiera exterminado masivamente a los vascos. Eso es genocidio y terrorismo de Estado. Nadie con criterios morales y humanos puede defenderlo.

Este debate de superioridad moral o inferioridad moral quizás hubiera tenido algún sentido con un PP serio y defendiendo intereses humanos, pero se ha roto con la entrada en juego del PP de Feijóo empujado desde dentro por Ayuso y desde fuera por Abascal.

El PP, este nuevo PP sin rumbo ni personalidad, ha renunciado a la moralidad y a la humanidad de la derecha tradicional y ha entregado esa moralidad y humanidad que ha pasado, desgraciadamente, a ser solo patrimonio de la izquierda.

Se entregó la moralidad ya con la negación insistente de la legitimidad del actual Gobierno de coalición.

Se entrega la moralidad cuando en cada votación se vota en contra del Gobierno aunque se voten medidas que el propio PP ha defendido hace poco, como es la regularización de emigrantes.

Se entrega la moralidad pactando con un partido Vox que defiende la prioridad nacional, negando derechos no ya de sanidad y educación a los emigrantes, cosa suficientemente grave, sino negando incluso derechos civiles a los españoles nacionalizados. PP y Vox van de la mano en el fondo y en la forma, como se vio en el montaje hortera que ha protagonizado recientemente la presidenta de Extremadura en su toma de posesión en Mérida.

Se entrega la moralidad cuando se mantiene como diputado y se le premia con comisiones a un expresidente de la Generalidad Valenciana, Carlos Mazón, cuya mentira e indignidad ha sido sobradamente demostrada, ningún español de bien puede admitir que un presidente desaparezca durante horas en un momento crítico en el que muchas personas corren riesgos, y no vale que no estuviera anunciado. Cualquiera que viera las televisiones vimos que se anunció desde bien entrada la mañana el riesgo de catástrofe y ese señor indigno no solo tuvo una comida relajada, sino una sobremesa dedicada a sabe Dios qué cosas inconfesables, ya que no lo quiere decir.

Se entrega la moralidad, la humanidad y toda la ética, defendiendo y llevando a un acto de fin de campaña a un pseudoperiodista, Vito Quiles, que lleva meses y meses acosando a compañeros y a políticos de izquierdas. Que lleva meses boicoteando las ruedas de prensa de los partidos de izquierdas en el Congreso de Diputados y que ha mentido y divulgado noticias falsas y tremendamente dañinas, sobre todo desde el punto de vista humano para las víctimas, sobre la dana de Valencia.

El PP tiene una triste y enorme historia reciente de corrupción en la que no ha tenido consecuencias políticas hasta la fecha, como se puede ver en un caso tan oscuro como el caso Kitchen, basta seguir el juicio de este caso y las declaraciones de gente solvente y sin mácula como el inspector jefe de la UDEF, el inspector Morocho.

Podría seguir enumerando actuaciones incomprensibles para una derecha seria y constitucionalista, pero prefiero preguntarme por qué no existen movimientos dentro del propio Partido Popular que se enfrenten a esta línea absolutamente de huida hacia adelante en asuntos flagrantemente ligados a la moralidad. Y, sinceramente, solo se me ocurre una razón, la misma por la que los congresistas y senadores del Partido Republicano en Estados Unidos son incapaces de enfrentarse a las decisiones delirantes, descabelladas y con gran coste humano de Trump: el miedo a perder el estatus político, el sillón y su paga. Posiblemente eso es un mal que se puede extender a otros partidos, ahí tenemos los Voxes de Abascal. Al menos en la izquierda, hasta la fecha, véase el caso Ábalos, la corrupción se paga. En el Partido Popular no se paga nada, cada día está más identificado con Vox.

O se produce ya una revolución moral dentro de la derecha en este país, que creo que todavía quedan políticos de derechas serios y con sentido de la moralidad, o nos vemos en pocos meses en una situación similar a la que está sufriendo el pueblo de los Estados Unidos de América.

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