La Nueva España » Cartas de los lectores » Día de la Madre: la prioridad empieza en casa

Día de la Madre: la prioridad empieza en casa

3 de Mayo del 2026 - José Viñas García (Oviedo)

Hay pocas figuras más universales más reconocibles y menos discutidas que la de una madre. La madre, en el mundo animal y, de forma aún más evidente, en el ser humano, representa como nadie el principio básico de la prioridad: primero los suyos. No por egoísmo, no por falta de humanidad, sino por pura responsabilidad.

La madre de todos los animales, en especial de aquellos dotados de raciocinio, es el mayor ejemplo de que la prioridad empieza en casa. Se entrega a su familia, a sus hijos. Es la primera en humanidad y en solidaridad, pero su prioridad son los suyos, los cercanos. Y no hay contradicción en ello. Después, sí, cuando ha cumplido con su deber, cuando su entorno está cuidado y en equilibrio, entonces -y solo entonces- puede extender su ayuda hacia otros.

Ese orden no es casual, ni cultural, ni ideológico. Es natural. Es lógico. Es necesario.

Trasládenlo a cualquier escala de organización humana: comunidad, barrio, pueblo, ciudad o país. Verán que la lógica es exactamente la misma. Nadie considera egoísta o inhumano que unos padres trabajen, eduquen y den estabilidad física y emocional primero a sus hijos antes que a los hijos de los vecinos. Nadie acusa de insolidaria a una asociación de vecinos que lucha por mejorar su barrio. Nadie tacha de excluyente a un alcalde que vela por su ciudad. Y, sin embargo, cuando se trata de un país, parece que algunos quieren invertir ese orden natural.

Un gobierno tiene como primera obligación proteger a sus ciudadanos. No es una opción. No es una preferencia. Es su razón de ser. Del mismo modo que una madre no puede desatender a sus hijos para cuidar a los de otros, un Estado no puede abandonar a los suyos en nombre de una solidaridad mal entendida.

Toda constitución, en cualquier parte del mundo, está redactada bajo ese principio. No existe una sola constitución pensada para priorizar a los ciudadanos de otros países. Todas nacen para proteger a los propios, para garantizar derechos, deberes y estabilidad dentro de sus fronteras. Y esos "propios" son los que algunos pretenden redefinir interesadamente, calificando de racismo lo que no es más que una responsabilidad contraída.

Conviene ser claros: dentro de esos ciudadanos están también quienes han llegado de fuera de manera ordenada, legal y con voluntad de integrarse. Aquellos que trabajan, cotizan, respetan las normas y contribuyen al bienestar común. Esos forman parte del "nosotros". Esos tienen exactamente los mismos derechos y deberes que cualquier nacido aquí. Y así debe ser.

Pero no todo vale. No todo puede aceptarse bajo el paraguas de una supuesta humanidad sin límites. Un país tiene no solo el derecho, sino la obligación de controlar sus fronteras: quién entra, en qué condiciones, con qué propósito. No hacerlo no es solidaridad; es irresponsabilidad.

Porque los recursos no son infinitos. Nunca lo han sido. Ni lo serán. Sanidad, educación, servicios sociales, seguridad, infraestructuras, vivienda... todo tiene un límite. Y en España esos límites hace tiempo que muestran señales de agotamiento. La sanidad pública sufre saturación, retrasos y falta de medios. El acceso a la vivienda se ha convertido en un problema estructural para miles de ciudadanos. La dependencia acumula listas de espera inadmisibles. Nuestros mayores, en demasiadas ocasiones, viven en soledad o en condiciones indignas.

Este no es un diagnóstico ideológico. Es una realidad visible.

En este contexto, introducir un número indeterminado de personas sin control, sin planificación, sin conocer sus necesidades, su situación o sus antecedentes, no es un gesto humanitario. Es un error grave. Un error con consecuencias directas: sobrecarga de los servicios, aumento de la tensión social, deterioro de la convivencia y, paradójicamente, perjuicio también para quienes llegan en esas condiciones.

Porque quien llega a un sistema colapsado no encuentra oportunidades, encuentra precariedad.

Y, pese a ello, se insiste en políticas que parecen ignorar estos hechos. Aquí es donde surge la reflexión incómoda: ¿es incompetencia o es estrategia?

Viendo el comportamiento de Pedro Sánchez, cuesta pensar que sea improvisación. No da puntada sin hilo. Cada decisión responde a un cálculo. Y en ese cálculo, muchos ven una intención clara: utilizar estas políticas como herramienta para consolidar poder, ampliando una base de apoyo que le permita mantenerse en el gobierno a cualquier precio.

Puede parecer una afirmación dura. Pero más duro es ignorar las consecuencias.

Porque al final, cuando se rompe el principio básico -cuando se deja de priorizar a los propios- no se gana en humanidad. Se pierde en responsabilidad. Y cuando un país pierde el sentido de la responsabilidad hacia sus ciudadanos, empieza a debilitarse desde dentro.

La madre lo sabe. Siempre lo ha sabido. Primero los suyos. No por rechazo a los demás, sino porque sin esa base no hay nada que sostener.

Tal vez convendría recordarlo.

Cartas

Número de cartas: 49819

Número de cartas en Mayo: 31

Tribunas

Número de tribunas: 2198

Número de tribunas en Mayo: 2

Condiciones
Enviar carta por internet

Debe rellenar todos los datos obligatorios solicitados en el formulario. Las cartas deberán tener una extensión equivalente a un folio a doble espacio y podrán ser publicadas tanto en la edición impresa como en la digital.

» Formulario de envío.

Enviar carta por correo convencional

Las cartas a esta sección deberán remitirse mecanografiadas, con una extensión aconsejada de un folio a doble espacio y acompañadas de nombre y apellidos, dirección, fotocopia del DNI y número de teléfono de la persona o personas que la firman a la siguiente dirección:

Calvo Sotelo, 7, 33007 Oviedo
Buscador