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Carta a Dios Padre

5 de Mayo del 2026 - Ignacio del Río Herrero (Oviedo)

Quiero en esta carta pedirte perdón. Yo soy el primero que no hago tu voluntad, ni te amo sobre todas las cosa aunque sabes que lo intento.

Estando en la iglesia de las Esclavas, en plena Semana Santa, delante de tu hijo en el Santísimo Sacramento del altar, rezando y meditando, pensaba en cómo está el mundo, como está tu creación, como estamos tus hijos... Y pensaba en lo desagradecidos que somos y cómo te damos la espalda y te negamos. Es verdad que ya nos pasaba desde los años del Antiguo Testamento, antes de que mandases a tu hijo a enseñarnos cómo amar de verdad, con su entrega, haciendo tu voluntad y amándonos de una forma que no conocíamos. Y nosotros lo insultamos, lo torturamos, lo abandonamos, lo matamos y lo clavamos en la cruz como si fuese el peor delincuente, mientras Él perdonaba a los que le pegaban, flagelaban y crucificaban.

¡Perdónanos, Padre!

Y desde entonces no hemos mejorado mucho; es más, creo que estamos peor que nunca. Padre, nos hiciste libres y nos diste la capacidad de dar vida, de procrear y ¿qué hacemos nosotros? Creamos vida con tu gracia, y en pocas semanas o meses, todavía dentro del vientre materno, acabamos con esa vida, la asesinamos, a cada uno de ellos, a un hijo tuyo único en el mundo, diferente, con alma y personalidad propia. Más de 1,2 millones de abortos en un año solo en Europa, ¡perdónanos, Padre!

Y seguimos sin saber amar, sin hacer caso a tu hijo Jesús y nos matamos unos a otros en guerras por el poder, el dinero, el petróleo o cualquier cosa que queramos del otro. ¡Perdonanos, Padre!

Y nos creaste hombre y mujer, diferentes pero complementarios, y vamos contra tu voluntad al querer ser lo que no somos y que va contra la naturaleza que con tanta belleza y perfección has creado.

¡Perdónanos, Padre!

Y qué les hacemos a los niños, que tu hijo Jesús nos lo dejó escrito, que ay de aquellos que hacen tropezar a estos pequeños.. Y la pederastia ha estado presente en nuestra sociedad e incluso dentro de tu Iglesia. Además, no les enseñamos cuál es el camino, la Verdad y la Vida, les dejamos solos, les confundimos tanto que el suicidio es la primera causa de muerte en jóvenes. Suicidios por no encontrar sentido a la vida y no conocerte, Señor, y deciden acabar con su vida, con la vida que Tú les has regalado. ¡Perdónanos por no saber acompañarles y llevarles a ti!

¡Perdónanos, Padre!

Nos envías a la Madre de Jesús y Madre nuestra, la Virgen María, con apariciones y revelaciones en distintos momentos de la historia y distintos lugares del Mundo Covadonga, Fátima, Lourdes, Guadalupe, Medjugorje, Garabandal... y cientos de sitios más, y siempre nos dice que cambiemos, que nos amemos, que volvamos a Jesús, a ti, Dios Padre, y no le hacemos caso. Ella que es ejemplo de servicio, humildad, amor, entrega, prudencia, fidelidad... y seguimos sin amarnos y seguir su ejemplo. ¡Perdónanos, Padre (y perdónanos, Virgen María, perdónanos, Madre).

Seguimos por el camino de la muerte cuando se quiere aprobar la eutanasia como un derecho. Ayudar a quitar la vida a un hijo tuyo que no quiere vivir. Nadie querría dejar de vivir si dejasen que tú, Dios Padre, entrases en sus corazones, porque verían que vivir es el mayor regalo que podemos tener. Que tenemos que vivir para los demás, para amar al prójimo, con nuestras palabras y con nuestras obras y así la vida tiene un sentido, el AMOR AL prójimo y a ti, Dios Padre.

¡Perdonamos, Padre!

Y en esta tierra, Asturias, bendecida por la Santina, nuestra Madre de Covadonga, no paramos de ensuciar tu nombre, dicen que son "coletillas", sin mala intención, que no se te quiere insultar, pero se oye decir tu nombre, Dios mío, blasfemando una y otra vez. Ayúdanos Padre a corregirnos y cada vez que lo escuchemos digamos con amor y valentía... ¡Gloria a Dios!

¡Perdónanos, Padre!

Sabes que soy un desastre, que trato de amarte y amar a los demás pero una y otra vez sigo fallándote y poniendo mi comodidad, mi apetito, mi seguridad, mi soberbia... pero sigo viniendo a pedirte que me ayudes, que me cambies el corazón, que nos ayudes a ser mejores hijos tuyos y que amarnos y amarte sea lo que más nos importe en esta vida. Perdónanos, Padre... y gracias por la vida.

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