Si las osas hablaran...
Si las Osas hablaran ("Paca", "Tola" y ahora también "Molina"), podrían decirles a los periodistas Pablo Solares y Mónica G. Salas que cometieron un error al escoger el titular del artículo que publicaron los días 29 de abril y 1 de mayo en este periódico.
Ellas podrían explicarles que el padre humano que tuvieron desde que regresaron a su tierra, el 26 de mayo de 1996, es Roberto García García. Ese día él, que aún no había sido padre de humano, se convertía en el padre adoptivo de las dos osas cuando llegaron a su nueva casa en el Monte Fernanchín. Siguió siéndolo hasta la muerte de ambas y sigue siéndolo de "Molina".
Ellas podrían decirles cómo, desde el primer momento, se preocupó de conocerlas como especie y entenderlas de manera individual. Les dirían cómo empezó a atender a los miles de escolares y visitantes de todo tipo que empezaron a frecuentar la Senda del Oso y el cercado del Monte Fernanchín, explicándoles cuál era la historia de "sus niñas" y tratando de resolver todas las dudas que le planteaban. Algunos de esos primeros visitantes son los profesores que hoy acompañan a los nuevos alumnos en los programas de educación ambiental que visitan las instalaciones.
Les dirían que él fue quien cada semana, por labores de reparación en el cercado debido a un argayo que hizo temer por la vida de las hermanas, las visitaba mientras estuvieron acogidas en el Parque de Cabárceno. También les dirían que fue él quien se preocupó y se desvivió por que ellas y las instalaciones estuviesen en las mejores condiciones posibles, trabajando, buscando contactos, financiación y todo lo necesario para conseguirlo.
Podrían decirles que quizás cometió errores, como involucrarse demasiado, pensar que todo el mundo se involucraría tanto como él o buscar cualquier remedio que sirviese para mejorar la situación de "Tola" cuando la veía sufrir enferma en los últimos tiempos, como hubiese hecho cualquier padre con su hija; igual que le ocurrió cuando "Paca" se acercaba al final de su vida.
Ellas les dirían que fue él quien lloró la muerte de ambas y las echa de menos cada día.
Les contarían que durante muchos años fue él su principal enlace con los humanos, su portavoz. Pero también que un día, desde un despacho, alguien decidió que sabía demasiado, conocía demasiado y hablaba de ellas como si fueran sus hijas, así que era mejor apartarlo del foco. Lo "invitaron" a dejar de hablar con la prensa sobre las osas. Roberto dejó de salir en las fotos y en los reportajes, pero no dejó de preocuparse por las osas y de trabajar por su bienestar.
Aunque ellas no pueden hablar, la hemeroteca sí, y en ella queda grabada la presencia constante de Roberto junto a sus "niñas". Si "Paca" y "Tola" pudiesen hablar, nos contarían la verdadera historia de entrega de quien fue su padre humano, Roberto García García. Algún día quizás sea él mismo quien decida romper su silencio.
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