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Quince años en México

9 de Mayo del 2026 - Carlos Sánchez Pérez (Gijón)

Cuando mis amigos me preguntaban: "Carlos, ¿cómo llevas el tema de la inseguridad en México?", mi respuesta solía ser inmediata: "A todo se acostumbra uno... incluso a lo que no debería". Cuando las noticias de fondo, a la hora de comer, son un desfile constante de calamidades, el horror deja de ser excepción y empieza a confundirse con lo cotidiano.

México es un país con una asombrosa capacidad para resistir lo extremo. En cada familia hay historias que lo confirman. En mi caso, conocí a mi esposa -como dicen allá- "en una balacera". Aquel domingo extraño, hace ya diecinueve años, cerraron el centro comercial donde ella trabajaba.

No soy miedoso, pero sí prudente. Cuando eliges una familia, el sentido de la responsabilidad se multiplica, y en un país como México, ese sentimiento viene acompañado de una alerta constante, casi biológicamente insertada en tu ADN. Lo notas cuando viajas a España: que tras unos días, algo parece faltar... hasta que caes en la cuenta de que es precisamente eso, la ausencia de alerta. Entonces regresa esa calma olvidada.

También están los allí conocidos como temblores, que para nosotros son auténticos terremotos: una sacudida invisible que llega sin avisar, dejando una mezcla de miedo, incertidumbre y extraña sensación de pequeñez.

México es un país que te obliga a reaprenderlo todo: la flora, la fauna, el clima, la gastronomía, las costumbres... incluso el idioma, que se ajusta "tantito" hasta hacerse parte tuya. Es un lugar donde la tolerancia no es una virtud opcional, sino una condición para vivir en equilibrio.

Sin embargo, también es un país que arrastra desde hace décadas la sombra persistente de la corrupción. Se percibe en lo cotidiano: en las noticias, en los controles militares en carretera, en la tensión de una revisión con la familia dentro del coche, o en ese disparo lejano que, horas después, se convierte en la noticia de un vecino asesinado mientras llevaba a su hijo a la escuela. No hace falta profundizar más: esa realidad es, por desgracia, conocida.

Hace poco, me preguntaron si podía afirmar conocer México. Respondí sin dudar que no. México no se conoce fácilmente. Es tres veces España... en territorio que además triplica su población. Pero, sobre todo, conocer México implica comprender sus múltiples culturas y su profundidad ancestral.

Creo firmemente que México pertenece, en esencia, a sus pueblos originarios. A quienes han sabido conservar sus raíces, sus lenguas y su sabiduría. Basta un dato: existen 68 lenguas indígenas con más de 300 variantes. Un universo cultural inmenso que, paradójicamente, convive con un modelo occidental que muchas veces lo ignora o lo diluye.

En cuanto a debates actuales, como la exigencia de pedir perdón por hechos de hace 500 años, me parece un planteamiento desconectado de la realidad presente. Más aun cuando la historia reciente muestra cifras estremecedoras de violencia que exigen responsabilidad en el aquí y ahora que es el único sitio donde se puede poner solución. Conviene recordar que siendo Juan Carlos I rey de España, el día 13 de enero del año 1990 en Teotitlán del Valle, en Oaxaca, ante representantes de 16 grupos étnicos indígenas, lamentó los abusos cometidos por algunos encomenderos y funcionarios españoles que por la fuerza impusieron su sinrazón durante la conquista, aunque también enfatizó que la Corona siempre procuró defender la dignidad indígena.

Y, sin embargo, por encima de todo, está su gente: mezcolanzas también de "aquellos que pasaron por aquí"... como reza Fernando Delgadillo en su canción.

El mexicano, en principio, desconfía -quizá como mecanismo de defensa-, pero cuando abre la puerta, lo hace de verdad. Es leal, trabajador, generoso, detallista y profundamente solidario. Especialmente en los vínculos que decide cuidar.

México es, en definitiva, un país de contrastes extremos: de dureza y calidez, de peligros y belleza, de dolor y esperanza. Pero si algo lo sostiene, más allá de todo, es su gente.

Porque al final, entre el ruido, el miedo y la incertidumbre, México late. Late en sus familias, en su resistencia silenciosa, en su capacidad de seguir adelante.

Y es ahí, en ese pulso humano, donde uno entiende que hay países que no se explican: se sienten... y se quedan para siempre viviendo dentro de uno.

Sobre el autor Carlos Sánchez Pérez: Nacido en Madrid en el año 66; Residió en Veracruz, México, 15 años y actualmente vive en Gijón, España. Ponente en encuentros Internacionales, África-Occidente en calidad de Presidente y Fundador de OPENING Fundación, así como Fundador de REDESGEA dedicado a la creación de un Proyecto gratuito de Modelo de vida Autosustentable para los desfavorecidos. Es coautor de TYPHOON y autor de la Carta de los Derechos de los Ciudadanos del Mundo, así como del libro RECUERDOS INFANTILES.

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