El problema no es el móvil, sino cómo miramos el presente
El otro día leí en mi móvil, sí, en el móvil, una carta al director de este periódico y hay algo que me chocó. Era una especie de crítica a la sociedad de hoy en día, y hay algo profundamente contradictorio en mirar el presente con desprecio simplemente porque ya no se parece al pasado. Cada generación ha pensado que la siguiente iba "al garete". Antes fueron los pantalones vaqueros, el rock, la televisión o los piercings; hoy son los móviles, el reguetón o los anglicismos. Mañana serán otras cosas. El problema no es el cambio: es creer que nuestra manera de vivir fue la última correcta.
Decir que "la gente esta pegada al móvil" como si fuera únicamente un capricho superficial es ignorar la realidad del mundo actual. El móvil ya no es solo ocio: es trabajo, amistad, pareja, información, mapas, bancos, estudios y hasta emergencias. Criticarlo desde fuera es parecido a criticar a alguien por usar carreteras porque antes se iba andando. Las herramientas cambian, y con ellas las formas de relacionaros.
Sí, las relaciones hoy son mas rápidas, más superficiales que nunca, y en muchos casos, más expuestas. Pero también son más abiertas, más accesibles y más libres para mucha gente que antes vivía aislada. Hay quien encuentra amigos, comunidad o incluso apoyo gracias a ese mismo teléfono que otros ven como símbolo de decadencia.
Es curioso también condenar fenómenos enteros, los tatuajes, el crossfit, el #metoo o los grafitis, metiéndolos todos en el mismo saco, como si cualquier expresión moderna fuera automáticamente vulgar. A veces da la impresión de que no se critica el contenido, sino simplemente el hecho de que exista algo nuevo.
La sociedad no se está yendo "al garete". La sociedad está cambiando, como siempre ha hecho. Algunas cosas empeoran, pero reducir una época entera a una lista de manías personales dice más de quien escribe la lista que del mundo en que vivimos.
Y quizá el verdadero problema no sea que la gente mire demasiado el móvil, sino mirar el presente con tanta superioridad que uno deja de intentar entenderlo.
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