Marina mercante
El desembarco del "Hondius" ha sido un éxito sin paliativos. No se les ha caído ninguno al agua. Y eso que solo estaban tres ministros fungiendo de estibadores (plaza obtenida en concurso de méritos del que quedó excluida Margarita Robles, que metió la pata con lo del "consentimiento informado"). Contaban, eso sí, con el impagable refuerzo de Tedros Adhanom, director de la OMS, un insumergible patentado; baste echar un somero vistazo a su currículo: como ministro de Sanidad en Etiopía, camufló asoladoras epidemias de cólera como "diarreas agudas"; su candidatura a la OMS fue apoyada "desinteresadamente" por China, y también por Barak Obama. ¿Adivinan por qué? (pues no seré yo quien lo diga).
Orden de prioridades: los ministros estibadores no pudieron asistir al sepelio de los guardias civiles fallecidos, según la versión gubernamental, "en accidente laboral" (se habrán caído de un andamio). El que sí asistió, en un acto de populismo vergonzante, fue Feijóo, que, siempre según fuentes oficiales, habría dejado por unas horas su residencia habitual en un yate de narcos para chupar cámara en el funeral. "El PP con lo que sabe hacer: estorbar y sembrar odio", como atinadamente matizó la portavoz sanchista (la que se sienta tras el líder en el Parlamento; la de las crenchas de oro).
A qué estaría Patxi López que no dio el do de pecho en esta ocasión. Fue el otro López, Óscar, habitualmente tan comedido, el que no pudo contener un irreprimible brote de lirismo: "España volvió a ser asombro del mundo". Haciendo historia: de ahora en adelante, quien oiga "desembarco" pensará en Granadilla olvidando Normandía. Desde el triunfo de Massiel con "La, la, la", no habíamos vuelto a vivir algo igual.
Es sabido que Sánchez no pone el pie en un tren, medio devenido peligroso por el abandono en que lo dejó el PP al considerarlo un transporte para pobres. La cosa empezó a mejorar cuando, con la coalición de progreso, pudo poner el Ministerio en manos de José Ábalos y de Ludoviko Koldo (por más que a la gente le suene a rey godo).
Por ganar tiempo, en el día a día Sánchez prefiere el Falcon, pero los que le traen suerte son los barcos. Empezó su ciclo con el "Aquarius" y lo está coronando con el "Hondius". Si algún día remoto la patria pudiera prescindir de este presidente que le envidian las naciones, tendría un segundo porvenir brillante en la Marina mercante, dada la pericia incuestionable con que maneja los eventos náuticos. "La, la, la, la / la, la, la".
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