Veneuela: mismos perros con distinto collar
El botarate de Trump designa ahora a Venezuela como Estado 51 de los Estados Unidos de América. Su desmesura no conoce límites, aunque algo suena en tal impostura, como es el hecho de que Venezuela se haya transformado de facto en un protectorado estadounidense. La evolución y los cambios desde entonces no son significativos en la vida ordinaria del país. El mismo desempleo y economía sumergida local. Los mismos salarios inmundos en una moneda que no vale nada. Las mismas colas en los surtidores. Las tremendas dificultades de desplazamiento interno, por ausencia de automóviles y un transporte público antediluviano. La misma remoción entre las basuras y las mismas carencias de absolutamente todo. Los exiliados que no regresan. Los presos políticos que siguen encarcelados casi en su totalidad. Las elecciones que nunca acaban de llegar. Incluso Corina Machado sigue desaparecida, aunque ahora por otras circunstancias. El caso es que apenas si se producen actos de violencia. Hay una suerte de resignación entre quienes no pueden huir a ninguna parte. Delcy Rodríguez dispone de control sobre el Gobierno y las FF AA. Ha ejecutado algunas reformas legislativas que facilitan el comercio exterior. EE UU no ha ofrecido ningún crédito, aunque sí ha facilitado la contratación extranjera en lo que respecta a petróleo y minerales. Las compañías extranjeras que manifestaron su interés no ejecutan inversiones. Solo existe comercio de compraventa. Habiéndose espantado a los socios chinos, rusos e iraníes, las refinerías estadounidenses, y también entre otras Repsol, adquieren y refinan ahora petróleo venezolano. Fundamentalmente, la India. Se han incrementado los ingresos del Gobierno en consecuencia; cierto es que ahora vende sus recursos libremente a precios de mercado. No como antes, cuando las sanciones obligaban a vender por lo bajini a precios alterados y sometidos a la corrupción chavista. Nada de estos ingresos es visible, no obstante, en la calle. Venezuela, sin cambiarse de muda y de chaqueta, se ha transformado. Una mutación sustancial que no es en realidad tal. Tan es así que el mismo trueque actual podría haberse ejecutado, de hecho, con Maduro ya con anterioridad, que en su momento ofreció acceso abierto a los recursos naturales, habiendo acordado incluso la expulsión de los competidores tradicionales de los estadounidenses. La enorme diferencia con aquel entonces es que el payaso de Maduro ha mutado a la sometida Delcy Rodríguez, así como que quienes se llevan la pasta ya no son los chinos, rusos e iraníes.
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