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Las tribulaciones del parentesco

14 de Mayo del 2026 - Javier Cortiñas González (Villaviciosa)

Con motivo de una reunión familiar nos encontramos hermanos, primos, sobrinos, tíos, etc., de distintas edades y procedencias. Entre ellos estaba Juan, de 8 años, nieto de mi hermana, al que no había visto desde hacía tiempo.

-¡Hola! Tú eres Juan, ¿a que sí?

Él asintió con la cabeza.

-Tú no me conoces, soy Crisóstomo, el tío de tu mamá, Laura, y hermano de tu abuela Rosa. ¿Qué te parece?

Se quedó con los ojos muy abiertos y no me contestó. Como el pobre no se había enterado de nada, se lo volví a explicar otra vez.

-Mira, tu abuela Rosa es mi hermana, de la que tú eres su nieto, y además es la suegra de tu papá, Luis. Todos formamos una gran familia.

Casi sin terminar, me dejó con la palabra en la boca y se marchó corriendo hasta la hora de los postres.

Bromas aparte, los niños empiezan muy pronto a reconocer a sus parientes si tienen oportunidades de convivir con ellos. Es de suponer que, al margen de cómo se denominen sus roles en las diferentes culturas, el ser humano se vio en la exigencia de crear relaciones de parentesco que aclarasen las uniones familiares; probablemente, desde que surgió la necesidad de empezar a poner un poco de orden en aquel batiburrillo que debían de ser las primitivas comunidades humanas. Parece bastante obvio que el primer nivel de parentesco lo formaban la madre y los hijos. La figura del padre en aquel lío de gente parece que era más dudosa de establecer. Hay que imaginarse lo que debía ser vivir durante cien mil años en las pocas cuevas disponibles, de las que tuvieron que echar algún que otro animal okupa, porque el problema de escasez de vivienda ya era evidente en aquellos tiempos; algo inimaginable con la cantidad de terreno vacío que había, pero, aunque de manera incomprensible, ya había nacido la especulación. Grupos hacinados en aquellos antros, sin comodidad, en medio del humo, las toses, los lloros, los gemidos, los gruñidos y las peleas, que harían muy difícil la convivencia. Sin distracciones, salvo los muy pocos, los que habían nacido con ciertas dotes artísticas, que nos dejaron escasas pinturas, algunas muy esquemáticas porque tenían que trabajar a toda prisa antes de que les tirasen sus útiles de pinturas en medio de aquel trajín. Los demás es muy probable que se dedicasen en cuanto podían al juego del pillapilla entre ellos y ellas, aprovechando los múltiples recovecos nada iluminados de las grutas; para luego ellos hacerse los listos y, si te vi, ni me acuerdo. La práctica de este deporte, por así llamarlo, fue el primer paso que se dio más bien de manera inconsciente para incrementar la población humana. Algo que se notó muy pronto al apreciar que disminuía al mismo ritmo y de manera dramática la población de mamuts.

Pero hubo que establecer la figura del padre para que se ocupara de mantener y defender a la hembra-madre y su prole-hijos, dejando de hacer el zángano y el zoquete. De esta manera, quedó completado el primer grado de parentesco con el fin de atender las necesidades de su procreación, cuidado y protección. Lo que no impidió que continuara la práctica de mantener relaciones con múltiples parejas de manera frecuente, poco estables e indiscriminadas, porque el pretender poner orden en este asunto es algo que al parecer no se ha resuelto todavía y me temo que va a llevar mucho, pero que mucho tiempo en conseguirse.

Los siguientes niveles de parentesco: abuelos, hermanos, etc., fueron surgiendo para aumentar la probabilidad de supervivencia con la cooperación entre familias primero por los más próximos y cercanos para irse extendiendo a los alejados, hasta alcanzar otros rangos superiores de clanes, tribus, etc. En la antigüedad el parentesco significaba mucho más que hoy porque determinaba, entre otras cosas, el casamiento, la herencia y la religión.

Se necesitó mucho tiempo para consolidar su estructura, tal como nos ha llegado hasta hoy. Existen bastantes evidencias de que ya estaba bien consolidada desde hace unos cinco mil años, tal como parecen confirmar las investigaciones lingüísticas de los nombres de los roles de parentesco usados por los pueblos pastores indoeuropeos durante la colonización del continente, cuya lengua dio origen a casi todas las lenguas europeas, entre ellas, el latín. Al que transmitieron sus nombres con muy pocos cambios y del que derivan ligeramente modificados los que aún usamos hoy día. Por ejemplo: pater, mater, filius, germanus, thios, sobrinus, primus, avus, cognatus, socer (suegra), gener (yerno), nurus (nuera), cuya traducción resulta prácticamente innecesaria.

Sin embargo, nos encontramos en la actualidad con unas relaciones familiares más fluidas, prácticamente asumidas y aceptadas, de las que aún no existen nombres para definirlas. Hoy se dan relaciones de pareja, unas casadas, otras no, que se hacen y se deshacen con suma facilidad. Coloquialmente entre ellos se denominan "ex". Parejas sin hijos o con hijos a veces aportados por cada uno de los exmiembros de uniones anteriores, e incluso de los engendrados por la unión actual. ¿Qué nombres en estas circunstancias hay que darles a los titulares de las nuevas relaciones familiares que se han establecido? Por ejemplo, si un miembro de la pareja decide visitar a sus padres con todos sus hijos. Resulta que los abuelos se encuentran con alguien que es su verdadero nieto o nieta, pero no su hermanastro o hermanastra, ¿entonces qué son para ellos, su nietastro o nietastra y ellos son sus abuelastros? ¿Y la pareja del hijo o hija, qué es, su yernastro o su nuerastra? ¿Lo extenderíamos así hasta infinitas combinaciones posibles involucrando cuñados, primos sobrinos, etc., sabiendo la connotación de baja categoría que tiene la terminación -astro o -astra? No digamos si además intervienen otros tipos de parejas en las que se pueden dar combinaciones de género, número y especie, haciendo el asunto más complicado y peliagudo todavía, aunque se inventasen otras denominaciones más aceptables.

Pero si se diese el caso de encontrarme de nuevo con el nieto de mi hermana en medio de una reunión con estas novedosas relaciones, ¿no le provocaría una lesión cerebral casi permanente tratando de explicarle quién es quién?

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