"Voces compartidas": un claro en el bosque
Como cada año, cuando los verdes se inflaman en el Cantábrico y la luz se posa como una caricia tibia sobre la villa de Navia, ocurre un pequeño milagro en el corazón del IES Galileo Galilei, urdido de poemas desde el crepúsculo del colectivo "Voces Compartidas" para erigirse en el arma más poderosa contra la infamia. Cada primavera, el teatro Fantasio se viste del azul que irradian las pléyades que en él se concitan.
Allí donde la realidad se endurece, ellos nos erizan la piel y acarician con versos nuestra atmósfera para hacerla más respirable, y uno se convierte en cómplice en esa ceremonia sutil donde la denuncia se funde con lo hermoso y lo inefable con lo tangible.
Han escenificado títulos que son como estaciones de un mismo viaje: "Hojas negras en tierras blancas", metáfora de la herida y de la nieve; "Voces en tiempos de habitaciones separadas", crónica íntima de un mundo en cuarentena; "Instantes de luz", relámpago contra la penumbra; "Memorabilia", inventario sentimental de memorias confundidas entre ficción y realidad, que hay que rescatar del olvido; "Verbo para quejarse", gramática del inconformismo. Cada poema ha sido un aldabonazo y una caricia. Cada montaje, un espejo donde mirarnos sin maquillaje. Y ahora llegó NATURAL-mente, con un guión que separa y une, que corta la palabra para devolverla más "jonda": Naturaleza y conciencia, Instinto y pensamiento... Como si el espectáculo quisiera recordarnos que no hay ecología sin ética, ni paisaje sin mirada. Que el árbol no es solo madera y savia, sino memoria vertical de profunda extracción. Que el mar que besa nuestras costas no solo es postal, sino también enigma, pregunta y reflexión.
La escenografía, sobria, destila la justa luz que revela, que ilumina la hondura de lo que merece ser amado. Los cuerpos se embriagan con una música que parece haber sido creada ex profeso para la mística. Hay armoniosa amalgama de lenguas diversas -fala, castellano, quechua, inglés, pakistaní - y en ese heterogéneo crisol se funde la verdad. El mundo, inexorablemente, ya es mestizo y el aula lo sabe. "Voces compartidas" es un atlas sin fronteras, un permanente diálogo donde cada etnia y cada cultura no compiten, sino que se respetan y complementan para crear un mundo mejor. Nadie es más, porque no hay "nadies".
Hay nombres que no se pronuncian pero siempre están latentes: los olvidados, los marginados, los que viven expulsados en habitaciones separadas. El colectivo se atreve a señalar la injusticia con el dedo limpio de la poesía y eso, en tiempos de ruido, es un acto revolucionario: denuncia sin estridencia, reivindicación sin panfleto, poesía, danza y música jalonando caminos en mitad de la niebla.
El gesto pedagógico es admirable, ya que aquí la educación no es un trámite administrativo, sino una siembra donde los profesores dejan de ser avatares digitales permanentemente colgados del "Teams" para convertirse en seres de luz tangible, y los alumnos descubren que la palabra puede ser un arma invencible si se usa adecuadamente y que pueden cambiar el mundo. En este proyecto se fragua algo más que un espectáculo anual: se construye ciudadanía sensible, memoria crítica, conciencia compartida.
Hay en "Voces compartidas" una épica doméstica que me conmueve. No hay grandes presupuestos ni alfombras rojas. Hay ensayo, duda, nervios, ilusión. Hay tardes robadas al cansancio y mañanas que huelen a telón recién abierto. Y, sin embargo, lo que acontece tiene la dignidad de los grandes teatros.
La historia que construye el colectivo es Patrimonio Emocional no solo de Navia, sino de toda Asturias, y mientras haya profesores y alumnos dispuestos a convertir la palabra en casa común, nuestro pueblo seguirá vivo y se hará oír... con la fuerza del estruendo que provoca un trueno de un "torbón" de mayo.
¡Enhorabuena!, un año más.
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