El retorno de Rey
Creo recordar que fue allá por el mes de febrero cuando Jorge Rey, con el descaro y la confianza que da la juventud, nos anticipó una Semana Santa dantesca en lo meteorológico, esbozando nuestra querida península con los aires de una Yakutia en pleno invierno. Y es que Jorge Rey es ese nieto que las abuelas quisieran tener, sobre todo para asegurar la siembra del cebollino y lucir los geranios siempre hermosos; ese muchacho perfecto con el que disfrutar de un largo domingo de noviazgo libre de borrascas, y ese meteorólogo de sobremesa del que los parroquianos se fían, pese a que acierta menos que una escopeta de feria. El secreto de su éxito reside en las cabañuelas, un método ancestral que consiste básicamente en no quitarle el ojo a los cielos, de las que se valió para predecir la llegada de la famosa "Filomena" y convertirse de la noche a la mañana en un héroe como los del 2de mayo, consiguiendo un hueco en la sección del tiempo de los diarios digitales. Le sucedió lo que aquel que dijo "por un perro que maté, me llamaron mataperros" y hace años que vienen apodándolo "el niño meteorólogo" -si bien ya es de los de pelo en pecho-, pasando a formar parte de esa nómina de precoces infantes españoles donde figuran Arturito Pomar, Marisol, Joselito o Carlos Blanco.
Estos días Jorge Rey ha vuelto a aparecer para lanzar su predicción de cara a la segunda quincena del mes corriente y, anticipándose a los expertos, asegura que se avecinan las lluvias de Ranchipur, persistentes, locuaces, fastidiosas, torrenciales, especialmente en la cornisa cantábrica, que le gustaba decir a Mariano Medina. El zagal burgalés, sin presumir de un Máster en Meteorología y Geofísicas como el que tiene Rosemary Alker, goza de gran credibilidad en los medios de comunicación y es por eso que he escogido el Martes de Campo para quitarme el sayo y solazarme en el primer parque que encuentre. Aunque caiga la mundial.
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