Los defensores de Mercosur
El reciente tratado comercial firmado entre la UE y los países que componen Mercosur
supone para una buena parte del sector agrícola y ganadero español un soberano mazazo
para su viabilidad futura de consecuencias irreparables no solo económicas sino también
sociales, culturales y medioambientales en todo el territorio nacional.
La destrucción de un sector como es el primario, generador de alimentos, para cualquier
nación que se precie es la base sobre la que debe asentarse una sociedad para su desarrollo, y poner en manos de intereses extranjeros la dependencia alimentaria con todo lo que eso
supone (salud, inestabilidad internacional, especulaciones, etc.) es simplemente suicida.
El principal argumento de los que defiende este tratado es que Europa tiene que empezar a
moverse en un nuevo escenario geopolítico para no quedarse atrás y así acceder a un
mercado de más millones de consumidores.
Un acuerdo donde se facilita la importación de alimentos sin aranceles y sin garantías de
seguridad alimentarias y unas ventas a Mercosur que tendrán que ir esperando una
disminución arancelaria de manera progresiva.
Todo esto te hace que uno se plantee una serie de interrogantes como: ¿qué beneficios
reporta a España este tratado? ¿Acaso aquel mercado está totalmente abandonado y ningún
país se ha ocupado de él? ¿Es tanta la capacidad de compra y el poder adquisitivo de sus
habitantes con una clase media tan reducida?
Por otra parte, aquí en Asturias te encuentras con los de siempre. El sindicato de los
empresarios (FADE) que defiende las virtudes del acuerdo. ¿Qué virtudes?, si lo que impera
son intereses transnacionales de grandes corporaciones que solo les importa la capacidad de
ganar más dinero a costa de lo que sea.
De otro lado, la clase política con sus responsables políticos del PSOE y del PP en su línea
habitual de simples lacayos defendiendo intereses ajenos a la nación.
Así tenemos a los eurodiputados Jonás Fernández y Susana Solís hablando de cupos y de
cláusulas de salvaguarda, como expertos y con un gran currículum en asentir con lo que mande el partido y con su correspondiente remuneración.
Decía hace unos cuantos años uno de los mejores sindicalistas que tuvo el campo asturiano, el recordado Alberto Cotarelo, que "la única política agraria que hay aquí es la del IPC". Pero creo que esta gente de ahora va más allá. Toda esta argumentación que se traen sobre lo bueno que es el tratado y lo controlado que va a estar todo se cae por su propio peso en un país como España donde hay una invasión de gente que entra de manera ilegal sin ningún control, donde los cárteles del narcotráfico campean en muchos sitios a sus anchas y la corrupción institucional crece y se extiende como un virus. En el tema alimentario nos encontramos que cada dos por tres se conocen casos (cuando se conocen) de alimentos provenientes de otros países, principalmente de la zona del Magreb no aptos para el consumo (restos de fitosanitarios prohibidos, otros abonados y regados con aguas fecales etc.) y si a esto sumamos políticas energéticas caras e inflacionistas, ingeniería social y un largo etcétera podremos afirmar sin equivocarnos que estamos en manos de gente que traiciona a la nación y son solo siervos sin escrúpulos al son de intereses de otras potencias extranjeras y de grandes corporaciones financieras.
Como ganadero de leche todavía tenemos grabado la negociación del tratado de adhesión a la CEE en 1986 donde nos dejaron "con una soga al cuello" al firmar una cuota lechera para
España de cuatro millones y medio de toneladas para unos 240.000 productores que había por aquel entonces mientras le cantaban el himno de Asturias al autor de aquel atropello, el
asturiano Fernando Morán (PSOE). Las consecuencias para adecuarse a aquella cuota fue que
en periodo 1990 -1993 la industria pagó la leche a precios demenciales provocando la desaparición de más del 60% de las explotaciones y todo sin un plan de prejubilación que pudiese amortiguar semejante debacle. Podemos decir que en ese periodo de tiempo se hizo la reconversión más salvaje que se ha hecho a un sector en toda esta etapa democrática, la cual no le costó un céntimo a la Administración, ya que las prejubilaciones que hubo a partir de 1995 fueron con fondos europeos.
Las veces que se nos han tenido como moneda de cambio no es una frase hecha, es una
realidad grabada a fuego, y, por si fuera poco, la mayor parte de las protestas que ha
protagonizado el sector ganadero han venido acompañadas con su correspondiente represalia
en forma de sanciones y multas. Este es un sector vapuleado económicamente que ha sufrido
oligopolios, cárteles y demás especies, originando márgenes ridículos en las explotaciones y en muchos casos auténticas economías de guerra.
Se nos ha privado de nuestro patrimonio, tanto sea el de los montes como fue la cuota de la
leche o el patrimonio sindical de la Cámara Agraria. Ninguneado a lo Sadei (4% del PIB), pero
que gracias a él representa el 24% de la industria agroalimentaria de la región a pesar de
todos los pesares y que recibe de los presupuestos regionales el 4%. Todo ello dinero de
fondos europeos (prácticamente Asturias no pone nada ) y encima no tienen ningún empacho
en estar todas las semanas del año publicitando cada euro que recibimos.
Nosotros, los paisanos, los que nos dedicamos a la agricultura y a la ganadería y constituimos el sector primario (obviemos en este caso a los pescadores, a los que se les ha dado un trato
desastroso en todas las negociaciones), conformamos lo que muy bien describe don Jaime
Izquierdo como autores de esta geografía, la cual hemos creado a través del tiempo,
manteniéndola y conservándola, y que constituye un paisaje que es el país en que vivimos.
"Paisano es a país lo que pastor es a pasto. Y sin pastores no hay pasto, ni sin paisanos país".
Y hoy la gente del campo, los paisanos, estamos solos ante las agresiones que estamos
recibiendo que hacen peligrar nuestra existencia. Solos lo mismo lo mismo que los afectados
de la dana en Valencia. Es hora de tomar conciencia de la situación. Estar todos unidos y
defender esta tierra en la medida de nuestras posibilidades.
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