¡Felicidades, Pelayo, por tu primera comunión!
El 23 de mayo hace su primera comunión Pelayo, el hijo de mi sobrina.
Cuando vi su foto de comunión me vinieron recuerdos de hace muchos años, tantos que de aquella vivían mis padres; y también celebramos la comunión de su madre y su hermana, ya que mis sobrinas son mellizas.
¡Cómo pasa el tiempo, cómo corre la vida y no nos damos cuenta!. Vivimos tan deprisa, no hay tiempo para nada, ni para nada que no seamos nosotros mismos, para llegar... ¿A dónde?
Somos como esos ratones que están todo el día dando vueltas sin parar en su jaula y nunca llegan a ningún sitio, porque por mucho que caminen sin descanso es un círculo vicioso, como la pescadilla que se muerde la cola.
Hoy recuerdo el día de la primera comunión de mi sobrina Luci, madre del que hoy hace la comunión, fue una celebración doble porque mi otra sobrina, Ali, también comulgo ese día.
Allí nos juntamos todos; abuelos, padres, tíos, hermanos y hermanas de los abuelos, padrinos de bautizo, tíos en segundo grado, amigos de las celebrantes y sus hermanos...
A día de hoy cuando veo los álbumes de fotos, la mayoría de los allí presentes ya no están, a no ser mis sobrinos, quedamos mi hermana y yo como únicos testigos de un tiempo pasado que ya no vuelve y doy fe que las supervivientes, mi hermana y yo seremos las próximas en partir... Ley de vida...
Me pregunto... ¿para el tiempo que estamos en este mundo por qué perdemos el tiempo en enfados, egos y egoísmo si para el otro barrio no podemos llevar nada.
De lo que nos teníamos que preocupar es en hacer el bien, estar unidos y apoyarnos cuando lo necesitamos, pero eso es mucho pedir. Pensamos que somos eternos y el orgullo no nos permite ver nada más que lo que tenemos delante de nuestra cara, pero nos falta algo tan importante como es la mirada periférica, tan necesaria para ver todo lo que hay a nuestro alrededor.
Nos creemos el ombligo del mundo y cuando llega la cruda realidad tan solo somos un grano de arena insignificante. Por muchos títulos que nos den en la universidad, nada es comparable a ser personas con humildad, empatía y valores.
Al final lo que cuenta es, como dice la canción del cantautor gaditano Antoñito Molina: "Ahora que estamos de paso dejemos huellas bonitas".
Dentro de nada, en un abrir y cerrar los ojos Luci estará celebrando la comunión de sus nietos y la de los hijos de sus hermanos, y tal vez piense lo mismo que yo pienso cuando veo el álbum de fotos y ya faltan tantos seres queridos. La historia se volverá a repetir porque así es la vida.
Pero hasta que ese momento llegue, larga vida para disfrutar los buenos momentos, porque los malos ya sabemos que no avisan y se presentan cuando menos lo esperas.
Hoy sé que el abuelo de Pelayo por parte materna, desde donde quiera que este, se sentiría muy orgulloso de verle hacer la comunión, sin olvidarme de mi hermana que también estaría muy contenta de ver a su nieto feliz con la celebración.
Estas celebraciones reúnen a las familias y son momentos que prestan para recordar toda la vida.
¡Felicidades, Pelayo! Eres un luchador desde que has nacido y estoy segura de que conseguirás todo lo que te propongas porque tienes unos padres maravillosos que estarán siempre a tu lado porque tú eres su tesoro más preciado.
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