Reflexión e hipótesis sobre la situación política
Pienso que, ante situaciones de crisis política como la que sufrimos actualmente, aún debemos intentar reflexionar serenamente, evitando la crispación, los insultos y las medias verdades o las manipulaciones a las que nos pretenden acostumbrar hoy día, como si una democracia tuviera que parecerse a un «ring» de boxeo o a una corrala de las de antaño.
Si Begoña Gómez o José Luis Rodríguez Zapatero son objeto de investigación por unas actividades sospechosas (insisto en lo de «investigación» y recuerdo la famosa «presunción de inocencia» que tan poco agrada, al parecer, a los españoles), el hecho mismo de que existan expedientes policiales o judiciales sobre estas personas ya constituye una prueba de que el sistema funciona, de que existen controles y alarmas que se ponen en marcha cuando hay indicios de irregularidad o de ilícitos.
Esto, en la etapa anterior, la del «tito Pacho», sobre la que algunos iletrados osan exhibir pancartas cantando las «bondades» del sistema, se habría solucionado con el típico «carpetazo» y «aquí no ha pasado nada». Así que menos rasgarnos las vestiduras, menos vociferar y menos hacer caso a las sandeces de los Aldamas, Quiles y demás vividores al uso.
No obstante, tanto «bombardeo» constante sobre el actual Gobierno, por muy bueno o por muy malo que sea, me huele bastante a «chamusquina», a operación organizada y orquestada en despachos blindados, opacos y bastante alejados.
No es casualidad que D. Santiago, el que emprendió la «cruzada» contra el «sanchismo» (término cuya definición estoy convencido que nadie sabe) a lomos de su caballo blanco, enarbolando en la mítica Covadonga la bandera rojigualda que portó el mismo D. Pelayo (entiéndase la ironía), haya viajado varias veces a los EE UU para asistir a actos y reuniones con el entorno del presidente de la extraña cabellera y las «malas pulgas» y que últimamente se dedique a rendir pleitesía, como buen siervo que es de su amo, al embajador del mencionado país.
Dicen que en 1939 Roosevelt pronunció una frase lapidaria, refiriéndose al nicaragüense Anastasio Somoza: «Es un hijo de p..., pero es nuestro hijo de p...», Hay quien piensa que la frase se refería en realidad a Trujillo. Da lo mismo, viendo la actualidad de España, esta frase se puede considerar totalmente atemporal.
Una constante de la política norteamericana es derrocar a los presidentes que no caen bien o no actúan de la forma que agrada al «supremo líder» de la Casa Blanca. Basta recordar a Jacobo Arbenz (Guatemala), a Juan Bosch (República Dominicana) o al mismo Salvador Allende (Chile).
«El que tiene oídos para oír, que oiga» (San Mateo).
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