Gratitud a don José Juan
La Iglesia ha celebrado el pasado jueves día 28 de mayo la fiesta de Jesús Sumo Sacerdote.
Personalmente, he entrado en la sacristía al término de la Santa Misa para felicitar a mi párroco por su entrega en la labor ingente en su ministerio. Lo he hecho de corazón, porque es un detalle sensible y de solidaridad y porque quiero a los sacerdotes. Esos hombres de Dios que un día decidieron dejar casa, padres y familia para ser apóstoles, pastores en el mundo, sin ser del mundo.
Así que quiero hacer publica mi felicitación a don José Juan Hernández Déniz, párroco actual de San Nicolás de Bari, a quien conozco desde hace tantos años que ya casi ni recuerdo y a quien personalmente, debo tanto en mi crecimiento espiritual, que no habría espacio suficiente en este escrito para señalarlo.
Creo que la parroquia de San Nicolás ha tenido una gran suerte al recibir a don José Juan; es un sacerdote honesto, leal, cercano, comunicativo, colaborador, buen orador, comprometido con su ministerio... ¿Me queda algún adjetivo que añadir? Bueno, sí: alegre por naturaleza pero muy serio cuando el caso lo requiere.
Y me refiero a su ministerio, que ejerce como un sacerdote convencido y que sabe hacerlo.
La calle es la calle, la casa de Dios, el Templo Divino que siempre es y será casa de oración. Cosa que don José Juan defiende a ultranza, faltaría mas, y con su ejemplo y nos enseña, que al entrar al templo entramos en la casa y en la presencia del Señor, Rey Supremo del Universo.
De cualquier forma, lo que en realidad demuestra lo que es una persona a su paso por la vida, no son los adjetivos que, con toda objetividad y conocimiento, le he dedicado en el párrafo anterior, sino el trabajo, la labor realizada, la obra que permanece en el tiempo y de la que soy testigo. Dios le ha dado oportunidades y dones que ha sabido aprovechar y ahí donde Él le ha plantado, ha sabido florecer.
Recién inaugurada la parroquia de San Juan XXIII en Viesques, Gijón, su primer párroco fue él.
Durante ocho años atendió la parroquia; allí había un coro, organista, equipo litúrgico, catequesis con un numero que cada año superaba los ochenta niños aspirantes a recibir la Comunión. Otros muchos la confirmación. Creó una ermita en el recinto parroquial, donde nos reuníamos cada 18 de mes a rezar a Nuestra Señora de Shoenstatt.
Tenía o llevaba Grupos de Santa María, retiros a las Hermanas de los Desamparados, a las Hermanas Asuncionistas, celebraba con el movimiento de Neocatecumenales, es director espiritual de cursillos de Cristiandad, miembro del movimiento Provida, etc, etc...
Destinado, porque los sacerdotes, como sabemos, no eligen, los destinan, a Covadonga como canónigo penitenciario, desarrolló una labor importante durante seis largos años en los que le tocó una fecha excepcional: el Cincuentenario de la Coronación de Nuestra Señora de Covadonga, donde realizó una misión importante como difusor de la historia, y actos que durante ese año se celebraron.
Terminado su ejercicio allí, fue destinado a Villalegre, donde restauró los frescos de la iglesia del Sagrado Corazón, mejoró las deficiencias de la iglesia de San Pablo, y la ermita de Nuestra Señora de la Luz, patrona de Avilés, por fin tuvo el sagrario en el altar, coro, misa cada sábado, verjas en el atrio, y la Señora y el Niño corona nueva.
Ahora en San Nicolás, hace frente a obras pendientes, y se ha iniciado la restauración del órgano antiguo que llevaba muchos años sin sonar.
Creo que le debemos una felicitación pública por su buen hacer, por cuidar de todas las parroquias que le asignan sin pensar si mañana le pueden trasladar a otro lugar donde tenga que empezar de cero. Con mansedumbre y celo. Aunque a veces como ser humano que es, no se sienta gratificado del todo. Aunque como en todo en esta vida surjan dificultades o traspiés.
Mi enhorabuena, pastor, el evangelio de Marcos 10, 28-31 leído el martes 26, recoge la respuesta de Jesús a Pedro:
«En verdad os digo que no hay nadie que haya dejado casa, o hermanos o hermanas, o madre o padre, o hijos o tierras, por mí y por el Evangelio, que no reciba ahora, en este tiempo, cien veces más -casas y hermanos y hermanas y madres e hijos y tierras, con persecuciones- y en la edad futura, vida eterna. Muchos primeros serán últimos, y muchos últimos primeros».
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