El fin del fin del curso
Quisiera llamar la atención sobre una tendencia que se ha ido consolidando en nuestro sistema educativo y que, sin embargo, parece suscitar escaso debate público: cada vez los estudiantes terminan antes el curso. Las evaluaciones finales se adelantan, las actividades académicas efectivas se reducen y, en muchos casos, da la impresión de que el aprendizaje concluye en el mismo momento en que se obtiene una calificación suficiente para promocionar. El calendario escolar ha mermado como un cuerpo en descomposición.
La desaparición de los exámenes de septiembre ha contribuido notablemente a esta situación. Durante décadas, la convocatoria extraordinaria suponía una segunda oportunidad para quienes no habían alcanzado los objetivos, pero también mantenía vivo el vínculo con el estudio durante los meses de verano. Existían consecuencias para la falta de esfuerzo o interés, y existía igualmente la posibilidad de corregir errores mediante trabajo adicional.
Hoy, por el contrario, parece haberse instalado la idea de que el objetivo de la educación es simplemente superar un trámite administrativo. Una vez salvado el obstáculo del examen o los exámenes, el aprendizaje pierde sentido para muchos alumnos. El mensaje implícito es preocupante: lo importante no es adquirir conocimientos, desarrollar hábitos de estudio o cultivar la curiosidad intelectual, sino obtener una nota que permita pasar de curso.
Resulta paradójico que, en una sociedad que proclama la importancia de la formación continua y del conocimiento, se reduzca progresivamente el tiempo dedicado a aprender. Mientras se habla de excelencia educativa, se adelantan las evaluaciones y se vacían de contenido las últimas semanas del calendario escolar.
No se trata de defender modelos del pasado por nostalgia, sino de preguntarnos qué estamos enseñando realmente a nuestros jóvenes. Si eliminamos las consecuencias de la desidia y convertimos la promoción académica en el único objetivo, corremos el riesgo de transmitir que el esfuerzo tiene un valor meramente instrumental y que aprender es algo secundario.
Quizá haya llegado el momento de abrir un debate sereno sobre si estas medidas están mejorando la educación o, por el contrario, están contribuyendo a que el curso escolar sea cada vez más corto y el aprendizaje cada vez más superficial.
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