El juego macabro de la inmigración
¿Cómo podemos ser tan prejuiciosos, tan intolerantes, racistas, groseros, estúpidos e injustos? A los que no coincidimos con el discurso oficial, siempre intentan avergonzarnos por menospreciar a esas personas buenas, honradas, decentes y trabajadoras que solo buscan una buena vida para sí mismas y sus familias, aunque, obviamente, pretender enviar a la gente de vuelta a sus países de origen no sea lo mismo que enviarlos a un campo de exterminio o matarlos en sus casas, como dicen "oenegetistas" malintencionados.
Típico escenario cinematográfico simplón para explicar una obviedad: los que ostentan el poder son los que se benefician de la inmigración. Tus enemigos son los ultrarricos y la clase política, no los inmigrantes. Si no podemos ver esto, entonces merecemos lo que nos espera.
Los húngaros han dado con una manera increíblemente eficaz de impedir que ruandeses, libios, pakistaníes, jamaicanos, árabes, chechenos y afganos reproduzcan las "vibrantes" tradiciones de sus tierras ancestrales en su país: no se han enriquecido con la inmigración del Tercer Mundo.
En Hungría no ha habido apuñaladores ruandeses asesinos. Ni terroristas suicidas libios. Ni bandas pakistaníes de violadores. Ni violadores jamaicanos de ancianas. Ni árabes que ametrallen a caricaturistas por blasfemia. Ningún checheno decapita a maestras blancas. Ningún afgano lame cuchillos ensangrentados tras asesinar a mujeres blancas. Y ningún afgano arroja álcali corrosivo a la cara de las mujeres. ¿Por qué?
Hungría no tiene que soportar las patologías del Tercer Mundo porque la élite húngara nunca ha permitido que personas del Tercer Mundo invadan su territorio, como sí hemos hecho otros países europeos.
Soy más partidario de dejar de buscar soluciones drásticas para la tumba en la que nos hemos metido (inmigración ilegal) y, en cambio, centrarme en la integración de las poblaciones ya presentes.
Habría que reducir drásticamente (casi a cero) la inmigración procedente de países no occidentales y concentrarnos en los esfuerzos por integrar en Occidente a quienes ya están aquí y cuyos valores suelen ser opuestos a los nuestros.
No se trata de buscar la homogeneidad, sino objetivos comunes y respeto. Es decir, ven a España -una nación unida por lazos de sangre, por ascendencia, religión, cultura e idioma compartidos-, pero no vengas esperando convertirla en tu cultura, religión o cualquier otra cosa anterior; enriquece la cultura española, no la cambies, no te creas superior, ni víctima, y no te aísles de ella.
Añadiría que, para aquellos inmigrantes que no muestren suficiente interés en integrarse en nuestras sociedades, sería apropiado imponerles un billete de ida a sus países de origen (o, si se niegan, a alguna isla lejana en, digamos, el Atlántico Sur), pagado por ellos mismos.
Visita de León XIV a España y un dato para la reflexión: decreto sobre "Ingresos ilícitos" en el territorio vaticano.
"Se castiga con reclusión de uno a cuatro años y multa de 10.000 a 25.000 euros a cualquiera que ingrese en el territorio del Estado de la Ciudad del Vaticano con violencia, amenaza o engaño. Se considera que el ingreso ha tenido lugar 'con engaño' cuando se evitan fraudulentamente los sistemas de seguridad y de protección del Estado, o bien cuando se eluden los controles de frontera". Sin comentarios.
Saludos cordiales.
Debe rellenar todos los datos obligatorios solicitados en el formulario. Las cartas deberán tener una extensión equivalente a un folio a doble espacio y podrán ser publicadas tanto en la edición impresa como en la digital.
Las cartas a esta sección deberán remitirse mecanografiadas, con una extensión aconsejada de un folio a doble espacio y acompañadas de nombre y apellidos, dirección, fotocopia del DNI y número de teléfono de la persona o personas que la firman a la siguiente dirección:
Calvo Sotelo, 7, 33007 Oviedo

