¡Y un jamón!

11 de Junio del 2026 - Fernando Vijande Fernández (CASTROPOL)

En mi casa, como no éramos musulmanes, matábamos todos los años un cerdo.

Oficialmente matábamos uno, porque, aunque teníamos otro, ese no lo declarábamos al Ayuntamiento.

Recuerdo que el encargado de vigilar el cumplimiento de la orden de la Alcaldía era Luis, un empleado municipal.

Este segundo cerdo lo matábamos inmediatamente después del primero, porque así los vecinos pensaban que solo era uno por los gritos que daba y no nos denunciaban.

También es cierto que lo escondíamos debajo de unos "colmos" de paja.

Del cerdo se aprovecha todo, hasta los andares. Nosotros, después de vender tres jamones a la carnicería de Ramiro, de Vegadeo, con cuyo dinero comprábamos el pimentón y la "cordiya" para los chorizos, el resto lo íbamos administrando durante todo el año.

En casa tenía yo una tía que administraba como nadie. Cuando nació, ya le dijo la "partera" a mi abuela:

-A Dorinda tuviche unha solteira y vai estirar muito os perroes na súa vida.

Y no se equivocó. A pesar de administrar bien toda su vida, nunca se casó, aunque tuvo varios pretendientes.

¡Qué palabras tan bonitas se usaban antes! Una mujer tenía que saber administrar bien para casarse. Y no me digáis la palabra pretendiente o la palabra refresco de antes, ahora todo es más rápido, un ligue de tardeo, un rollo de una noche o un sueño de una noche de verano, como la novela de Shakespeare. Por la mañana, cuando se despierta, estás deseando que se vaya y le dices tú: bueno, si acaso, nos vemos otro día o nos llamamos.

El jamón que quedaba en casa, después de sacarlo de la sal, lo llevábamos al cabazo para que estuviera aireado y no cogiera el "saltón", que era una larva de mosca, y allí permanecía hasta el día de la fiesta, cuando lo empezábamos a cortar en lonchas para los invitados.

Un sueño que yo tenía de pequeño era poder cortar lonchas de jamón, y, en mi sueño, después de cortar las lonchas, venía Dios y lo reponía todo dejando el jamón como nuevo. Aquello era como el maná que Dios entregaba a los israelitas durante cuarenta años cuando cruzaron el desierto después de salir de Egipto.

En mi sueño se me ocurrió un día, para fastidiar a Dios, coger el doble, pero Dios es muy listo, más listo "qu'a fame y qu'el diablo" y "a you, estropeóuseme todo". Me pasó igual que los israelitas, que si cogían el doble se les estropeaba el maná, excepto los viernes, que sí lo podían coger para descansar el día del Shabat (sábado).

¡Hay que ver lo listo que era Dios en mis sueños!

No sé por qué no deja sin maná al republicano Trump y a Netanyahu, que son muy malos discipulos, o ¿no existirá Dios? No lo sé. Tampoco lo voy a saber todo.

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