Espantada de la guerra en Irán
Esta vez sí va en serio lo de la salida estadounidense de Irán. Infunde sospecha, la verdad después de los embustes reiterados y el descredito de Trump en esta contienda. Cada día una cosa diferente. Esta vez sí es verdad. EE UU entró a Irán el pasado 28 de febrero arrastrado por Israel, que quería mediante bombardeos poner fin a las fructíferas conversaciones de paz que EE UU estaba acometiendo ya en su fase final. Netanyahu, que vive de la guerra, pretendía poner fin a la amenaza iraní; su régimen y su apuesta nuclear asociada. Trump, a quien su arrogancia, su desconfianza profunda y su inestabilidad le pierden, no se puede permitir el galón de gasolina por encima de los cinco dólares y todo lo que eso conlleva. No puede quedarse empantanado en Irán a ya menos de cinco meses vista de las elecciones de medio mandato, en las que el peor presidente de la historia de EE UU se la juega. Así que esta vez, Trump huye. No ha firmado nada que a buen seguro le habría gustado. Simplemente anuncia y materializa la retirada y tratará de justificar ante el pueblo su estúpida entrada. Hasta ahora amagaba salidas que no eran correspondidas por un envalentonado régimen iraní. Pero ya no puede más. Tiene que poner fin y simplemente repliega. Se va. Saliendo la guerra termina y el estrecho de Ormuz irá cobrando antes que tarde su vital normalidad. Los amagos quedarán atrás, teniendo que apechugar y administrar ahora en su favor los réditos de la paz.
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