Reflexiones sobre la visita del Papa
Ahora que el máximo representante de la religión católica (el Papa) y jefe del Estado Vaticano ya abandonó nuestro país, quisiera hacer algún comentario de su reciente estancia en España. Para empezar, mi opinión es que a un invitado deben concedérsele el máximo respeto, y a la vez, el invitado debe responder también con el respeto que se merece quien le invitó.
No sé si lo que a continuación voy a decir podrá ofender a más de uno -no es mi intención hacerlo-, nuestras autoridades dieron ejemplo de saber organizar una visita de tanta importancia y hay que felicitarles por ello. Vi muy mal que una vez que este señor estuvo en el Parlamento de la nación española, allí pretendiera en cierto modo "enmendar la plana" a nuestros parlamentarios por cosas allí aprobadas. Vi aún peor, que los componentes de ese Parlamento dedicasen nada menos que siete minutos de aplausos a lo que el Papa dijo, demostrando con ello, siempre según mi opinión, un fariseísmo sin parangón comparable. Digo esto, porque por la forma de actuar y comportarse más de uno de los que aplaudieron a rabiar tengo la impresión que lo hacían por peloteo falso y claro. En mi opinión, y siempre sobre el respeto que al principio mencionaba, pienso que sin mostrarle rechazo visible alguno, habría bastado con un cordial aplauso de uno o dos minutos como suelen hacer con cualquier otro, habrían servido para salir del trance sin poner en claro, según mi opinión, la falsedad de muchos de ellos. Por algo siempre se dice: Vivir para ver. Siento ser tan duro, tratándose de personas con tantos estudios y conocimientos en comparación de mi pobre formación de escuela de posguerra y enciclopedia de Dalmau. Aunque viendo el comportamiento de quienes dedicaron tantos años a formarse, igual no es tan negativo saber lo poco que a mí me enseñaron. Añado una frase robada de alguien que sabía más que yo: "Cuando me valoro no soy nada, cuando me comparo cambio de opinión". Ahí lo dejo.
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