"Copiones"
Así, entre comillas angulares, que en conversación ordinaria (y tanto que ordinaria) se convierten en garfios digitales, dos por mano, que se agitan en el vacío. El uso de la “copia” es tan antigua como la humanidad. En recientes investigaciones que se realizaron en lugares tan distantes como La Palma del Condado, en la provincia que los romanos llamaron Onuba, la griega Akra Leuké, Alicante, o el Camino de la Mesa, en Asturias, se hallaron restos de placas de terracota con grabados en letra mínima, no inocente, que los investigadores no dudaron en llamar “chuletas”. El arte de la “copia” ya se encuentra El Pindal, Altamira, Lascaux… Se dice que Sócrates copió a Aristóteles, Virgilio a Ovidio o a Horacio… El autor de <
Pero el colmo del buen hacer, digno de un “sobresaliente ‘cum Laude’” sucedió en Oviedo, a los pies del mismo don Fernando de Valdés Salas. Modelo de astucia, del dominio del incipiente bolígrafo, ejemplo de distinción, de refinamiento, de gracejo y de capacidad intelectual. Esta hazaña puso en entredicho a misma IA. La protagonista fue una joven que tenía que enfrentarse al folio en blanco. En la signatura de Latín “tocaba” en segundo canto de la Eneida, el del caballo de Troya. Pues nada, que la chica en cuestión puso la imaginación a trabajar. El resultado dejó atónitos a todos los que presenciaron la escena en la galería de su casa: ciñó a la cintura una falda de ascendencia escocesa, sujeta por un cinturón bastante potente. Hasta aquí normal. Luego, colgó del cinturón unas cuantos cordeles como de un metro de longitud y, en el extremo de cada cordel, colgó un bloc pequeño con la traducción escrita de trozos del dicho canto de la obra virgiliana. Y encima, otra falda, también de estilo escocés. Así el cinturón giraba sobre las caderas de la susodicha con los cuadernos. La joven no pararía el rodeo hasta dar con el bloc-chuleta correspondiente. Los que vieron el invento quedaron en trance cuando vieron el invento. Alguien musitó unas palabras apenas audibles: “esta neña merez una suma cum llaudis”. Entre las faldas escocesas se movía dentro del célebre caballo que ocultaba en su cálido vientre los soldados que debían tomar Troya. Los presentes acertó a ver, entre el flotar de las telas de cuadros escoceses, las maderas todavía verdes del Caballo de Troya, la lanza que alguien clavó en sus entrañas, al pérfido Sinón, a los soldados griegos que se movían en sus entrañas como parte de una digestión, a Laocoonte y a sus vástagos, a las dos serpientes que salieron de la isla de Ténedos En medio del trajín, surgió una voz enérgica y terrorífica y temblorosa: <
El arte de la “copia" sobrevoló la Edad Media y llegó al Renacimiento: se decía que Leonardo había copiado al Greco y que el Bosco se había inspirado en Velázquez, en un momento de distracción, mientras se atusaba la melena para el autorretrato en el cuadro de las Meninas. Esta costumbre sobrevoló varios siglos, sonrió ante la Pepa, pasó sobre varias guerras y se alojó en los sitios más inesperados, como las tesis, según comentan los más cotillas.
LA NUEVA ESPAÑA del 9 del mes de mayo pasado, en una esquina de la primera página, anunciaba que <
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