"Copiones"

16 de Junio del 2026 - José Antonio de Lillo Cuadrado (Oviedo)

Así, entre comillas angulares, que en conversación ordinaria (y tanto que ordinaria) se convierten en garfios digitales, dos por mano, que se agitan en el vacío. El uso de la “copia” es tan antigua como la humanidad. En recientes investigaciones que se realizaron en lugares tan distantes como La Palma del Condado, en la provincia que los romanos llamaron Onuba, la griega Akra Leuké, Alicante, o el Camino de la Mesa, en Asturias, se hallaron restos de placas de terracota con grabados en letra mínima, no inocente, que los investigadores no dudaron en llamar “chuletas”. El arte de la “copia” ya se encuentra El Pindal, Altamira, Lascaux… Se dice que Sócrates copió a Aristóteles, Virgilio a Ovidio o a Horacio… El autor de <> miró de reojo al Marqués de Santillana… ¿A quién se le ocurre pensar y publicar que el Bosco copió a Velázquez? ¿Que Goya llevó ante los jueces a no sé quién porque intentó piratear las majas, la de estío y la de invierno por el mismo motivo? ¿Que Bécquer denunció a Larra por idéntica razón? Después de estudios muy concienzudos, los investigadores negaron todo lo que se había dicho de la <>. Así que no hay más remedio que devolverles la fama a aquellos brillantes artistas. Pero la verdad, la inclinación al “copieteo” siguió. Hay casos dignos de eterna memoria. Dignos de dar nombre a una calle, dignos de figurar a entrada de una biblioteca o dignos de nominar a un campo de deportes. Ya más cerca del calendario que nos controla, las crónicas de algunos centros de Enseñanza guardan bajo docenas de llaves ciertos hechos dignos de recuerdo: hubo Instituto, en tierras palentinas, que tuvo que reforzar las ventanas de las aulas porque las “chuletas” volaban: los amigos que acompañaban a sus amigos hasta el lugar del tormento envolvían una piedra pequeña en el papel que contenía la solución. Los documentos de la época no comentan cómo el amigo del exterior conocía las preguntas que se proponían al amigo del interior. Hay también el caso de un examinando de la Reválida de sexto que vio menos complicado escribir la chuleta sobre el músculo cuádriceps de las dos extremidades inferiores, desde la ingle hasta las rodillas. Su aspecto era de un “tatoo”, que todavía era un desconocido. Este sistema tenía la ventaja de que evitaba piedras, el “tatoo”, y amigos.

Pero el colmo del buen hacer, digno de un “sobresaliente ‘cum Laude’” sucedió en Oviedo, a los pies del mismo don Fernando de Valdés Salas. Modelo de astucia, del dominio del incipiente bolígrafo, ejemplo de distinción, de refinamiento, de gracejo y de capacidad intelectual. Esta hazaña puso en entredicho a misma IA. La protagonista fue una joven que tenía que enfrentarse al folio en blanco. En la signatura de Latín “tocaba” en segundo canto de la Eneida, el del caballo de Troya. Pues nada, que la chica en cuestión puso la imaginación a trabajar. El resultado dejó atónitos a todos los que presenciaron la escena en la galería de su casa: ciñó a la cintura una falda de ascendencia escocesa, sujeta por un cinturón bastante potente. Hasta aquí normal. Luego, colgó del cinturón unas cuantos cordeles como de un metro de longitud y, en el extremo de cada cordel, colgó un bloc pequeño con la traducción escrita de trozos del dicho canto de la obra virgiliana. Y encima, otra falda, también de estilo escocés. Así el cinturón giraba sobre las caderas de la susodicha con los cuadernos. La joven no pararía el rodeo hasta dar con el bloc-chuleta correspondiente. Los que vieron el invento quedaron en trance cuando vieron el invento. Alguien musitó unas palabras apenas audibles: “esta neña merez una suma cum llaudis”. Entre las faldas escocesas se movía dentro del célebre caballo que ocultaba en su cálido vientre los soldados que debían tomar Troya. Los presentes acertó a ver, entre el flotar de las telas de cuadros escoceses, las maderas todavía verdes del Caballo de Troya, la lanza que alguien clavó en sus entrañas, al pérfido Sinón, a los soldados griegos que se movían en sus entrañas como parte de una digestión, a Laocoonte y a sus vástagos, a las dos serpientes que salieron de la isla de Ténedos En medio del trajín, surgió una voz enérgica y terrorífica y temblorosa: <>. En medio de aquella advertencia salieron dos serpientes de mar y envolvieron entre sus roscas a la familia laocoontina, que era negacionista. Esta escena dramática fue esculpida en mármol como aviso para navegantes.

El arte de la “copia" sobrevoló la Edad Media y llegó al Renacimiento: se decía que Leonardo había copiado al Greco y que el Bosco se había inspirado en Velázquez, en un momento de distracción, mientras se atusaba la melena para el autorretrato en el cuadro de las Meninas. Esta costumbre sobrevoló varios siglos, sonrió ante la Pepa, pasó sobre varias guerras y se alojó en los sitios más inesperados, como las tesis, según comentan los más cotillas.

LA NUEVA ESPAÑA del 9 del mes de mayo pasado, en una esquina de la primera página, anunciaba que <>. Desconocen esos modernos ojos de vigilancia que la <> está inserta en el ADN de los <>. También puede darse la vuelta al hecho: quien prepara la <> está haciendo un trabajo importante: resume, revisa, estudia, razona y, en definitiva, estudia la materia. Entonces renuncia a las chuletas porque los conocimientos están preparados con todo detalle. La época de las piedras envueltas en papel-chuleta, del “tatoo” y de las faldas escocesas pasó a la historia. Y todos contentos. Parece que la sangre no llegó al río.

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