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La democracia pervertida del miedo

18 de Junio del 2026 - José Viñas García (OVIEDO)

En una democracia, el poder no está para ser protegido, está para ser vigilado. Por eso existen jueces, fiscales, prensa libre y mecanismos de control. La transparencia no debilita la democracia: la fortalece.

Cuando aparecen indicios de corrupción, tráfico de influencias o comportamientos impropios, lo democrático es investigar. Lo democrático es esclarecer los hechos. Lo democrático es que actúe la justicia. Quien nada ha hecho, nada tiene que temer.

Sin embargo, vivimos tiempos extraños. Los mismos que justifican pactos con condenados, investigados o prófugos de la justicia se escandalizan cuando los jueces investigan. Los mismos que proclaman su compromiso con la democracia cuestionan a las instituciones cuando estas dejan de servir a sus intereses. Los mismos que dicen defender la pluralidad exigen disciplina absoluta dentro de sus propias filas.

Se nos repite que determinadas concesiones son necesarias para preservar un supuesto bien superior. Que hay que aceptar privilegios, amnistías, excepciones o cesiones políticas porque la alternativa sería peor. Que el ciudadano podría equivocarse. Que el pueblo debe ser protegido de sí mismo.

Es una visión profundamente paternalista de la democracia. Una visión según la cual los ciudadanos son suficientemente maduros para votar cuando eligen correctamente, pero no cuando eligen otra opción. Una democracia en la que el resultado de las urnas solo parece legítimo cuando coincide con las preferencias de quienes gobiernan.

Mientras tanto, quienes sostienen al Gobierno -partidos, dirigentes, activistas, intelectuales o comunicadores afines- guardan silencio ante decisiones que habrían denunciado con ferocidad si las hubiera tomado un adversario político. La coherencia desaparece donde comienza la conveniencia.

Ahora llegarán congresos, comités y reuniones internas. Escucharemos discursos sobre pluralidad, participación y debate. Pero la verdadera prueba será otra: comprobar cuántos están dispuestos a discrepar públicamente del líder. Cuántos anteponen sus principios a su cargo. Cuántos prefieren la verdad a la obediencia.

Porque una organización en la que nadie cuestiona al jefe deja de ser un espacio de debate para convertirse en una estructura de adhesión.

La democracia no muere cuando se investiga al poder. La democracia empieza a deteriorarse cuando se considera sospechoso investigar al poder, cuando se desacredita a los jueces por hacer su trabajo y cuando se pretende convencer a los ciudadanos de que deben conformarse con lo que otros deciden por ellos.

La democracia exige confianza en el pueblo, respeto a la ley y sometimiento al control institucional. Cuando alguno de esos principios se sacrifica para conservar el poder, ya no estamos ante una democracia más fuerte, sino ante una democracia cada vez más pervertida.

Ustedes no son demócratas: temen al pueblo.

Ustedes no creen en la independencia de la justicia: temen a los jueces.

Ustedes no son libres: siguen consignas y obedecen al líder.

Ustedes no buscan la igualdad ante la ley: promueven privilegios y cuotas según la conveniencia política.

Ustedes no pactan por el interés general: compran apoyos. Lo hacen concediendo prebendas, privilegios e incluso impunidad a cambio de mantenerse en el poder, beneficiando a corruptos, delincuentes y prófugos de la justicia.

Ustedes no fomentan la responsabilidad ni el cumplimiento de los deberes cívicos; solo hablan de derechos cuando les conviene y pretenden imponer sus decisiones sin asumir las consecuencias.

Y quien antepone su puesto a sus convicciones no merece representar a los ciudadanos.

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