Tiempos difíciles
Cuando yo era pequeño, en mi casa teníamos cuatro vacas que se utilizaban por parejas para arar los "eiros" y también para llevar el carro "das vacas", aquel carro de "cabezuaya" en el que iba una a cada lado y "xoncidas" por un yugo.
Por la noche "mecíamos" a mano en un "canado" la poca leche que les quedaba en el "remoyo" para tomar en casa con el café y achicoria con leche y también con cascarilla y más tarde con malta.
En la cuadra solo teníamos una bombilla y otra en la cocina. En la sala y en dos habitaciones de la parte de arriba de la casa también teníamos una bombilla en cada una.
Un año más tarde compró mi padre una ordeñadora de carrito que utilizábamos por la mañana y por la noche para "mecer" las vacas.
La luz que teníamos era muy poca y, cuando poníamos la ordeñadora en marcha, las bombillas quedaban alumbrando solamente con un hilillo y apenas se veía nada.
Como la ordeñadora necesitaba una potencia de luz determinada para funcionar y no la tenía, utilizábamos un elevador de voltaje para que la máquina trabajara.
A eso de las ocho de la mañana se ponían a ordeñar todas las casa del pueblo. Todos, en sus casas, utilizaban un elevador para que funcionaran las ordeñadoras.
Tanto se tiraba de la corriente que las bombillas apenas alumbraban y saltaban los plomos.
En la cajita de los plomos, que era blanca y de porcelana, poníamos un filamento de un cordón de la luz, pero, como éramos tantos tirando de la corriente, saltaba muy a menudo y se quemaba. Para solucionarlo, los poníamos dobles o triples, y había quien incluso colocaba el hilo entero de cobre (seis filamentos) para reforzarlo.
El transformador que teníamos para abastecer de electricidad a todo el pueblo disponía de muy poca capacidad y, a veces, también saltaba y nos quedábamos a oscuras. Por lo tanto, teníamos que ir a buscar a Pepe de Robustiano de Piantón para que lo arreglara.
Otra avería muy frecuente era cuando se juntaban dos cables con el viento (vendaval) y había que buscar la avería entre los árboles y, con un "varal de barexar as noces", separarlos, porque, si no, las bombillas parecían un "viermo carpinteiro"; bueno, una luciérnaga, y no veíamos nada.
Como no hay mal que por bien no venga, cuando estábamos sin luz, en mi casa rezábamos el rosario y no perdíamos el tiempo. A veces ese Señor de Luz que recibía nuestros rezos se apiadaba de nosotros y volvía la luz, pero era Pepe de Robustiano de Piantón el que había hecho el milagro.
La electricidad que había en las casas era de 125 voltios, y tengo recibido algún trallazo al juntar los cables para encender la luz en mi habitación (no teníamos pera de la luz y había que juntar los cables).
Hoy tenemos instalaciones modernas con los mecanismos por duplicado o triplicado, y todo perfecto, pero en aquellos años era todo muy precario, escaso e insuficiente.
Voy a terminar con una sonrisa y contar lo de un señor al que contrataron por sus conocimientos de electricista en un barco de crucero y cuya experiencia laboral había sido anteriormente cavar agujeros para poner postes de luz.
Una tarde lo llamó el capitán, pues tenían una avería en la electricidad del barco, para que la resolviera. El hombre estuvo inspeccionando toda la tarde y toda la noche la instalación eléctrica, pero no encontró nada que le indicara dónde estaba la avería.
Cansado de revisar, se dirigió al puente de mando, donde estaba el capitán, y le dijo:
-Señor capitán, estuve revisando horas y horas la instalación eléctrica y yo creo que la avería "é de fora".
No lo explico, porque, si no, lo estropeo.
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