Dos papas, uno bueno y otro ¿malo?
Unanimidad: la reciente visita de León XIV fue un éxito total, "nemine discrepante". Lo certifican sin apelación los siete minutos de aplausos en el Congreso. Récord histórico. Por contraste, el feliz éxito del Papa León trae a la memoria la hostil recepción que tuvo que sufrir Benedicto XVI en sus visitas a este desconcertante país. Actué entonces un poco como recogepelotas en aquel ruidoso pimpampún con que las élites obsequiaron al Papa. Reproduzco aquí algunos testimonios como ejercicio de autorreflexión; no deja de ser un enigma que sesudos "opinólogos" profesionales consideraran de buen tono recibir con desabrida descortesía y criticar con sañuda inquina a aquel hombre bueno y sabio que se llamaba Joseph y se apellidaba Ratzinger, que fue el papa Benedicto XVI.
Había dicho el Papa en el avión que le traía que se estaban produciendo aquí brotes de un anticlericalismo radical, como en los años treinta. Intolerable. Don Gregorio Peces-Barba, el más posado de los siete padres de la Constitución, se arrimó al hombro de Gabilondo en la noche de la Cuatro para sentenciar muy solemne que las palabras del Papa eran "in-de-cen-tes". El tono estaba dado; ya podía arrancar el orfeón.
Cuando el arzobispo de Santiago se preguntaba dónde iba a meter a tanta gente cuando viniera el Papa, alguien le recomendó desde la LA NUEVA ESPAÑA "el ferial del ganado" como el lugar más idóneo para aparcar al católico rebaño. Ningún periodista se arriesgaría a tratar de esa manera a la afición del Sporting o del Real Oviedo; en cambio, hacer guasa de los creyentes, lejos de entrañar riesgo, pasa por mérito.
En su columna en LA NUEVA ESPAÑA (12.11.10), Matías Vallés concentra una antología del comedimiento: "El Papa insulta a los nativos", "opinión delirante", "injerencia papal", "Pontífice napoleónico". En la página 31 es la incisiva escritora Carmen Gómez Ojea la que, en una Mezclilla de vitriolo, le pone las peras al cuarto a este "Santo Padre de los papistas que vino a reñir a la ciudadanía de un Estado aconfesional". Pero qué se podía esperar de él que "calza no la sandalia de San Pedro, sino zapatos rojos de trescientos euros por pie". 600 euros el par. No nos daría Carmen la cifra exacta si no la conociera de muy buena tinta, pues sabe muy bien que con las cosas de creer hay que andar con pies de plomo.
"Ver a Benedicto XVI en su "papamóvil" por Madrid me recordó a los emperadores romanos". Eso leíamos en LNE (04.09.11), en titular a seis columnas; es decir, a toda página. ¿De quién venía tan infeliz recuerdo? Pues de D. Javier Fernández Conde, "Catedrático de Historia Medieval y cura rural", según se autodefine. De un cura, aunque sea Catedrático (e incluso más por serlo), ¿no cabría esperar que la entrada del Papa en Madrid aclamado por los jóvenes le recordase la de Jesús en Jerusalén?
"En esa inmensa apoteosis de poder no encaja la Iglesia en la que yo creo", confiesa. "Yo me moriré siendo de izquierdas". Vale, D. Javier. Que Dios le dé salud y viva muchos años compartiendo militancia con gente tan recomendable como el señor de los collares y redentor de cautivos, conocido como ZP. Pero esta vez al Papa se le ha tratado como se merece. Arrepentidos los quiere Dios.
Debe rellenar todos los datos obligatorios solicitados en el formulario. Las cartas deberán tener una extensión equivalente a un folio a doble espacio y podrán ser publicadas tanto en la edición impresa como en la digital.
Las cartas a esta sección deberán remitirse mecanografiadas, con una extensión aconsejada de un folio a doble espacio y acompañadas de nombre y apellidos, dirección, fotocopia del DNI y número de teléfono de la persona o personas que la firman a la siguiente dirección:
Calvo Sotelo, 7, 33007 Oviedo

