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Inocencia y sentencias

26 de Junio del 2026 - Carlos Muñiz Cueto (Gijón)

Ha llegado a mis manos la publicación de un escritor relevante. En ella se afirma haber conocido a José Luis Rodríguez Zapatero tras su etapa presidencial, y se asegura que le causó una grata impresión. Concluye el escritor su argumento de forma tajante: «...creo en la inocencia de Zapatero; por un motivo: porque la civilización consiste en creer que cualquier persona, sea el presidente del Gobierno o Jack el Destripador, sea de izquierdas, de derechas o mediopensionista, es inocente hasta que se demuestre lo contrario. Todo lo demás es mierda». Le presupongo a dicho escritor un conocimiento pleno de la realidad española. Sin embargo, afirmaciones de este calibre me hacen rechinar los dientes y me obligan a replicar.

Coincido en que la cumbre de la civilización es la presunción de la inocencia. Pero ante tal categórica afirmación cabe preguntarse: ¿Es incivilizado creer en las resoluciones judiciales y en la independencia del poder judicial? Y un paso más allá: ¿Es incivilizado defender la dignidad del poder legislativo? Hoy el Parlamento languidece secuestrado y silenciado: sin mociones de censura viables, sin el debate anual sobre el estado de la nación, sin presupuestos ni proyectos de ley ordinarios: se ha impuesto la comodidad del decreto ley y las leyes ómnibus, esquivando la lógica de la convocatoria de elecciones. A renglón seguido, otra cuestión resulta inevitable: ¿Es incivilizado desconfiar de un poder ejecutivo cuyo partido principal acumula condenas tan severas como los 24 años de prisión a Ábalos (secretario de organización del PSOE que llegó a ocupar dos ministerios) por liderar un grupo criminal, 19 años a Koldo o 4,5 años a Aldama, quedando aún procesos pendientes como el de Santos Cerdán (secretario de organización del PSOE? Antes de concluir: ¿Dónde reside la civilizada inocencia de rescatar con 53 millones de dinero público a una aerolínea paupérrima de una dictadura extranjera, mientras miles de ciudadanos españoles sufren de precariedad? No se preocupen, la sentencia histórica y judicial llegará para todos de una forma u otra.

Por todo ello, lo verdaderamente civilizado hoy es emular a Marcelo en Hamlet y admitir que: «Algo huele a podrido en el Estado de España». Una podredumbre cuyo origen simbólico bien pudo fijarse aquel 12 de octubre de 2003, cuando Zapatero permaneció sentado al paso de la bandera de los Estados Unidos. Aquel desprecio a los símbolos y a los caídos de otra nación soberana pudo ser muy jaleado por los suyos, pero careció de educación, rozó la estulticia y careció de altura civilizada. La estupidez, al fin y al cabo, es mucho más peligrosa que la maldad: al margen de la inocencia en la que cada uno decida creer.

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