La concordia tiene las alas muy cortas
La tontería de la modernidad líquida ha calado tanto en la sociedad española que no resulta extraño el hecho de que se haya concedido el premio "Princesa de Asturias" a la astronauta estadounidense Christina Koch. En opinión del jurado "su esfuerzo de superación personal ha contribuido a extender las fronteras de la humanidad", palabras dignas de ser esculpidas en el frontispicio de algún edificio público o inmortalizadas en punto de cruz para lucir junto al típico "Dios bendiga esta casa". Florido verbo que apela a la fraternidad universal y suele aparecer después de haberse soplado tres o cuatro botellas de sidra. Hermosas retartalillas que no explican, sin embargo, por qué no se ha premiado a todos los integrantes de la misión Artemis II, ni qué hay de concordia en la carrera de los americanos por conquistar la Luna de nuestros sueños en recia competencia con los pirotécnicos chinos, ni, en fin, por qué el jurado estaba compuesto por veinticuatro señoros bien endomingados y tan solo seis mujeres, seis. Que a estas alturas sorprende que la institución no entienda de paridades y se resista a cambiar el Patronato por la Patronata, y aún más es de admirar que hayan fallado en favor de Koch, que tiene apellido de bacilo y le ha vacilado a medio mundo. ¿Es que no hay, en estos tiempos de guerras y pleitos y querellas, quien se haya partido el lomo pregonando la paz y se merezca tal galardón? Al jurado, presidido por el señor Barbón, la pantuflada de ir a la Luna como el que se va al balneario de Panticosa a tomar las aguas le viene como anillo al dedo para poder traer a Oviedo a una astronauta, que es lo último que faltaba por ver en estos andurriales. Y es que el presidente del Principado sigue conduciéndose como si estuviera al frente del Consistorio lavianés, como si todos los días fueran saturnales y a los asturianos les vinieran a sacar de pobres la baja densidad de materia en el espacio sideral y las grandes superproducciones del Hollywood ese.
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