La Nueva España » Cartas de los lectores » Trazas de buenismo en un buen mensaje

Trazas de buenismo en un buen mensaje

26 de Junio del 2026 - Julio L. Bueno de las Heras (Oviedo)

En un ambiente enrarecido por la peste de las cloacas en la parte de civilización occidental que administramos (a su vez, empeñada globalmente en desdibujarse como guía y asidero tras décadas de tenaz y progresiva renuncia a su identidad, valores y cultura), era de esperar que la visita pastoral -y de Estado- de un líder espiritual (moral y religioso) como es el Sumo Pontífice de la Iglesia católica, actuara como una inyección de reconstituyentes y adrenalina en un organismo pocho. Pero también parecía inevitable que, en plena crisis sistémica por estas tierras, tal oportunidad excitara la concupiscencia de un poder insaciable, con querencias avasalladoras y maneras autocráticas. Y es que, hace días, entrenándose (y casi estrenándose) en el ejercicio de su singular, trascendente e inmarcesible misión, el viaje del Papa parecía ofrecerse como presa propicia para otra humillante variante de impúdicos "¡exprópiese!" o "¡resignifíquese!" institucionales que ya nos resultan patéticamente familiares. Parece que en esta ocasión no pudo ser así, incluso a pesar de las concesiones de nuestra alambicada jerarquía episcopal.

Y es que, afortunadamente, esa España renaciente -que algunos quisiéramos creer tan auténtica, robusta y pujante como aquí parece- se ha mostrado en la entrañable y esperanzadora línea del modélico vivaracho rebaño del Buen Pastor dibujado en los Evangelios, y no como otras aborregadas variantes ovejunas, en el fondo responsables de nuestras desdichas. Ojalá que no haya sido un espejismo folclórico.

Sea (D.g.) por permeación de lo que excepcionalmente sólo fluye ex cathedra, sea por cosecha propia totalmente autónoma o asistida por buenos consejeros, el hecho es que el intensivo cursillo de refresco en formación básica que nos ha impartido el Padre Prevost es -en su mayor y más densa parte- para atesorar, escuchar (su voz ya es un aliciente), releer y reflexionar. Un discurso heterogéneo pero hábil y afortunadamente confeccionado entretejiendo, en proporciones mesuradas, historia amable, filosofía accesible, literatura eterna, humanismo, trascendencia y fe cristiana, haciendo digno, ágil y robusto un unitario y coherente mensaje. Mensaje el de León XIV que integra armónicamente lo por él dicho en diversos escenarios complementarios: de palacio a la calle, pasando por libros de honor, púlpito, estadio, cátedra, altar, corrillos y cabinas de vuelo.

Afortunadamente también (hay veces que el Buen Dios se deja notar más que otras), un fallido proyecto de secuestro instrumental, un fracasado boicot patán, el ridículo de un pretencioso y apremiante atajo conseguidor de regalías, fallidos intentos de robo de imagen, y la traducción sectaria y sibilina de mensajes fragmentarios o frases descontextualizadas llevado a cabo por almas cándidas, tontos útiles o miserables en nómina etc... han quedado desdibujados por una realidad autónoma potente, sencilla e ilusionante (incluyendo numerito pomposo en modo Disneylandia). Ustedes sabrán, pero, como oveja gris y frecuentemente decepcionada, yo lo celebro en el alma, y así lo escribo consciente de que la opinión que los lectores traemos libremente a estas receptivas páginas, poco valen si no vienen acompañadas por nuevos datos o enfoques.

En esta línea voluntariosa e ingenua, acabo esbozando ahora una observación crítica, por si fuera útil: Siempre que un Sumo Pontífice pontifica trato de imaginarme (sólo o con la ayuda de autores que ya han intentado novelarlo con desigual fortuna) lo que un Jesucristo reencarnado (transpuesto temporal, cultural y contextualmente) diría -y cómo lo diría- en situaciones como estas y sobre los mismos temas encarados por su representante oficial en este planeta (por ahora, en otros mundos sólo Dios Padre lo sabe). Ustedes mismos elijan. Sobre el básico y fundamental derecho a la vida, y a una vida digna, pocas sorpresas cabría esperar de boca del Maestro Titular. Sobre la convivencia armónica entre religiones y culturas, sobre las polarizaciones y las guerras justas e injustas, y sobre las diversas formas de ser víctima de una emigración masiva inducida, descontrolada e instrumentalizada tengo mis dudas. Serias y fundadas dudas, y creo que como muchos -muchos- de ustedes, también fundadas certidumbres. ¿O no?

Cartas

Número de cartas: 50179

Número de cartas en Junio: 191

Tribunas

Número de tribunas: 2205

Número de tribunas en Junio: 3

Condiciones
Enviar carta por internet

Debe rellenar todos los datos obligatorios solicitados en el formulario. Las cartas deberán tener una extensión equivalente a un folio a doble espacio y podrán ser publicadas tanto en la edición impresa como en la digital.

» Formulario de envío.

Enviar carta por correo convencional

Las cartas a esta sección deberán remitirse mecanografiadas, con una extensión aconsejada de un folio a doble espacio y acompañadas de nombre y apellidos, dirección, fotocopia del DNI y número de teléfono de la persona o personas que la firman a la siguiente dirección:

Calvo Sotelo, 7, 33007 Oviedo
Buscador